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lunes, 15 de julio de 2024

Fuego cruzado: breve historia del terrorismo en España

En 2021 un estudio reveló que apenas un 57% de los estudiantes de ESO en Navarra sabían qué era ETA. Si ampliamos la investigación al resto de la geografía peninsular, el desconocimiento entre los más jóvenes probablemente sería mayor. El olvido del pasado reciente es la mejor receta para quedar atrapados en las redes de una demagogia que despersonaliza al adversario y menosprecia el dolor de las víctimas. 

En términos de salud democrática, el desconocimiento sobre ETA entre la población más joven no es el único dato preocupante que plantea el estudio realizado por el Observatorio de la Realidad Social del Gobierno de Navarra en 2021. Todavía más demoledor resulta el hecho de que un 26% de los encuestados afirmaran que el uso de la violencia “puede estar justificado en algún caso para la obtención de fines políticos” y, aún más preocupante, que el 22% de los jóvenes no contestara a una pregunta tan crítica.

Y es que, como afirmaba Javier Peso, profesor de Bachillerato en Vizcaya, “hemos pasado página sin haber leído la página”. Todo un suspenso en memoria histórica que se une a lo que sucede con otros periodos como la Guerra Civil o el franquismo. Lo cierto es que las heridas abiertas supuran y corren el riesgo de infectarse.  Y no hay nada más insalubre que un relato mitológico empeñado en recrear un recuerdo distorsionado del pasado, alimentado por el sesgo de los intereses del presente. Si en las políticas sanitarias es esencial la prevención, para la salud democrática no hay medida más profiláctica que la educación. Las miasmas populistas del siglo XXI fluyen de pozos contaminados que difunden a través de las redes sociales un aluvión de mensajes cuyo objetivo no es otro que confundir a ciudadanos incautos… y desinformados. 


Historia y memoria: fuego cruzado

De hecho, suele decirse que la peor mentira es una media verdad y, en la memoria colectiva, silencio y olvido suelen ir de la mano. Diez años después del fin de ETA, Rafael Narbona lamentaba que la juventud desconociera la trayectoria (y el final) de personajes como Gregorio Ordoñez, candidato a la alcaldía de Donosti por el PP, que murió asesinato por ETA con un tiro en la nuca, acusado de capitanear el “buque insignia del fascismo español”. 

Gregorio Ordoñez Fenollar
(Caracas, 21 de julio de 1958 - San Sebastián, 23 de enero de 1995)

En el artículo titulado “Gregorio Ordoñez, el héroe tranquilo” reivindicaba la figura de alguien capaz de enarbolar afirmaciones tan audaces como hay que poder recuperar la libertad de decir lo que uno piensa, en un contexto donde el activismo ideológico llevaba aparejado el riesgo de una sentencia de muerte, con independencia del partido en el que se militase. 

La lista de víctimas lamentablemente es larga y en ella no sólo encontramos cargos públicos y militantes de partidos políticos, sino también ciudadanos anónimos, guardias civiles, militares, empresarios, intelectuales o niños que fueron asesinados en masacres como la del Hipercor de Barcelona, en 1987, o tras angustiosos secuestros, como el que protagonizó Miguel Ángel Blanco, diez años más tarde. 

Francisco Tomás y Valiente
(Valencia, 8 de diciembre de 1932 - Madrid, 14 de febrero de 1996)


Cada vez que matan a una persona, nos matan a todos un poco, decía Tomás y Valiente. Había sido presidente del Tribunal Constitucional y, en el momento de su muerte, el 14 de febrero de 1996, se había reincorporado a la vida académica como catedrático de Historia del Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid. Es allí donde fue asesinado, en su despacho, mientras hablaba por teléfono con Elías Díaz, destacado intelectual socialista y catedrático de Filosofía del Derecho en esa misma Universidad. No estoy segura de que muchos jóvenes estudiantes sepan hoy que también los campus universitarios fueron escenario de atentados terroristas. Fueron décadas en las que, junto a ETA, bandas terroristas de extrema izquierda y extrema derecha, tuvieron en vilo a una ciudadanía que asistía impotente al horror de los sangrientos atentados que marcaron los últimos años del franquismo y los primeros pasos de la Transición. La paz no salió gratis, como tampoco lo fue la consolidación de un modelo democrático que recuperaba el marco de derechos y libertades desaparecido tras la Guerra Civil. 

Y es que la realidad histórica se comprende mucho mejor cuando percibimos su rostro humano. Testimonios como el de Carmen Cordón, hija del empresario Publio Cordón, secuestrado por los GRAPO en 1995, cuyo cuerpo aún no se ha encontrado, refleja la crueldad y sinrazón de una violencia política que deshumaniza al enemigo y marca el destino, no sólo de las víctimas, sino también de su entorno familiar.


En este sentido, la labor de fundaciones como el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo (CMVT) es esencial a la hora de promover la investigación sobre violencia política de distinto signo, prestando atención especial a la importancia de los testimonios de familiares de víctimas, a la hora de comprender las aristas de una herida abierta que está lejos de cicatrizar.


11-M, punto de inflexión para la historia reciente de España

A esa vieja herida se unió el 11 de marzo de 2004 la materialización de una nueva amenaza, cuando en plena hora punta de la mañana estallaron simultáneamente diez bombas en la estación de Atocha. El yihadismo aparecía en escena con un saldo de 193 muertos y cientos de heridos, incorporando nuevas fórmulas de fanatismo en las que cualquier ciudadano adquiere la condición de víctima potencial. 

Sin embargo, tal y como advierte Gutmaro Bravo en un artículo publicado recientemente en el periódico El País bajo el título “La conspiración originaria”, el saldo de este atentado va más allá del recuento macabro de víctimas, ya que marca un cambio de agujas en nuestra historia reciente. Hasta ese momento el acta fundacional de nuestra actual democracia partía de la Transición, percibida por la ciudadanía como ejemplo modélico de convivencia y concordia, no exento de renuncias, pero pacífico. Como afirma el profesor Bravo, la cultura del consenso, pese a sus limitaciones y puntos oscuros, articuló un modelo viable para “pasar página” a la Dictadura. 

Sin embargo, el 11-M resucitó viejas teorías conspirativas que alimentaron una dinámica de bloqueo y enfrentamiento continuo, amplificadas por el eco de nuevos canales de comunicación. Desde entonces, ha crecido la polarización ideológica y la antigua voluntad de concordia ha dado paso a una cultura de la cancelación que ha sembrado el pasto necesario para mensajes incendiarios que contaminan la opinión pública, limitan la libertad de expresión y condicionan el juego político. Su estela se extiende hasta la propia valoración del proceso de cambio que representa la Transición, hoy cuestionado por sus limitaciones, ignorando la realidad de aquel momento y las múltiples dificultades que tuvo que sortear.

Muchos ciudadanos, que habíamos nacido en la dictadura y conocimos el horror del terrorismo, respiramos aliviados cuando el 20 de octubre de 2011 ETA anunció el cese de la lucha armada y, más aún, cuando el 3 de mayo de 2018 la banda armada comunicó su autodisolución. Sin embargo, aún quedan heridas abiertas que acentúan el riesgo inminente de infección, de la mano de un radicalismo violento cuya amenaza está lejos de desaparecer. 


Terrorismo y memoria histórica

Pero la lucha contra el fanatismo no se limita a la defensa frente al activismo yihadista. Las teorías conspirativas, que buscan un chivo expiatorio para solucionar el malestar social, han encontrado una caja de resonancia sin precedentes en las redes sociales, donde los principales receptores son precisamente jóvenes con pocos referentes vitales a la hora de identificar el peligro de la radicalización política de cualquier signo ideológico. Precisamente por eso es tan importante cualquier esfuerzo por mantener viva la memoria del terrorismo, tanto en el plano de la investigación académica, como en el educativo. No se trata de alimentar rencores, ni de fomentar el perdón con el olvido. La cuestión es conocer y comprender las coordenadas históricas que favorecieron las prácticas terroristas para impedir el avance de nuevos movimientos radicales, cuyos efectos ya ha padecido la sociedad, aunque las generaciones más jóvenes no lo hayan vivido. 

En este sentido, ha habido en los últimos años distintas iniciativas, algunas no exentas de polémica, pero en cualquier caso necesarias. Instituciones como el citado CMVT o el Real Instituto Elcano desarrollan una incansable labor de investigación y divulgación sobre movimientos radicales violentos. Otras como Covite o la Fundación Fernando Buesa Blanco han desarrollado de forma individual o en colaboración con otras entidades, materiales didácticos necesarios para conocer el impacto y consecuencias del fenómeno terrorista, como es el caso del Mapa del Terror o el Glosario Audiovisual de las Víctimas del Terrorismo. Son herramientas que ofrecen información de gran valor cualitativo y cuantitativo, pero sobre todo se trata de contenidos que ponen rostro al dolor, por lo que resultan tremendamente elocuentes. 

Hace pocos meses el historiador Pedro Barruso preparó una exposición que resumía la historia reciente del terrorismo en España, seleccionando algunos de los atentados más mediáticos cometidos, no sólo por ETA, sino también por grupos armados de extrema izquierda y extrema derecha, de cuya existencia muchos ciudadanos no tienen noticia, incluyendo también la referencia al terrorismo de Estado protagonizado por los GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación). 


María Begoña Urroz Ibarrola
(San Sebastián, agosto de 1958 - San Sebastián, junio de 1960)

A través de distintos paneles, los estudiantes de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense tuvieron ocasión de conocer algunos episodios tan dramáticos como el asesinato de un bebé, Begoña Urroz, en 1960, a manos del DRIL (Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación), tal y como demostró un estudio del CMVT, descartando una autoría inicialmente atribuida a ETA. También se recordó el secuestro, asesinato y tortura de la joven militante del PST (Partido Socialista de los Trabajadores), Yolanda González Martín, de 19 años, por miembros de Fuerza Nueva y de la organización de extrema derecha Batallón Vasco Español. La placa conmemorativa, existente en el madrileño barrio de Aluche, que recuerda su asesinato, aún hoy, sigue siendo vandalizada cada cierto tiempo.

Historia y "salud democrática"

La reseña de estos atentados ha sido recuperada en el siguiente hilo de X  con motivo de la XIII edición del Concurso de Divulgación Científica de la Universidad Complutense.

https://x.com/CarmenMdlR/status/1812881005184970904

El listado de víctimas del terrorismo es tan amplio que este resumen es necesariamente incompleto, faltando atentados tan dramáticos como los que se han seleccionado. En doce tweets de 280 caracteres es difícil completar la siniestra memoria del terrorismo en España. Por ello, sólo pretende ofrecer una muestra en la que se rinda homenaje al sufrimiento de todas las víctimas y, sobre todo, se contribuya, aunque sólo sea de forma puntual, a mantener vivo el recuerdo y difundir la existencia de alguno de los muchos trabajos de investigación realizados. 

Pero, sobre todo, el objetivo último de esta iniciativa es dar visibilidad a un fenómeno en cuyo estudio colaboran investigadores y sociedad civil, de la mano de las asociaciones de víctimas del terrorismo. Un caso práctico en el que la Historia contribuye a fomentar una cultura democrática, como punto de encuentro entre la investigación académica y la divulgación, el trabajo de especialistas y la aportación de los ciudadanos. Al fin y al cabo, no hay mejor prevención contra el fuego cruzado del fanatismo y la radicalización violenta que el conocimiento de sus efectos. Y no hay mejor forma de aproximación que el testimonio de los allegados a las víctimas y el estudio riguroso de sus causas y consecuencias.

Foto de portada: atentado de ETA en el que fue asesinato el policia nacional Modesto Rico Pasarín (Bilbao, 17 de febrero de 1997). Cortesía del Centro Memorial de Víctimas del Terrorismo (CMVT). 

domingo, 14 de enero de 2018

8 motivos para abordar una investigación familiar

Tras las campanadas es tiempo de buenos propósitos y plantearnos nuevos proyectos. Tal vez entre ellos, alguna vez has acariciado la idea de investigar sobre tus orígenes o bien seguir la pista a algún personaje (famoso o no) de tu interés. Si este es el caso, no demores el ponerte manos a la obra, pero antes piensa bien cuál es tu objetivo para no dar pasos en falso que te hagan naufragar en el intento apenas comiences.

Hay muchas razones (probablemente tantas como personas) para embarcarse en un proyecto de este tipo. 


Las más frecuentes giran en torno a alguno de estos objetivos:

  1. Investigar el origen de un apellido
  2. Conocer la historia de una familia
  3. Indagar en las raíces
  4. Desarrollar terapias relacionadas con medicina familiar
  5. Solucionar problemas psicológicos
  6. Ahondar en la biografía de algún personaje
  7. Materializar la historia reciente, especialmente en su vertiente local
  8. Acercarnos a la mentalidad y las prácticas culturales de nuestros mayores

Las tres primeras razones guardan mucha relación, pero las distingue un matiz que requiere utilizar fuentes y técnicas distintas para conseguir tus propósitos. En el futuro trataremos estos temas con más profundidad, pero ahora te adelanto solo algunas diferencias:

  • Investigación del apellido. Si este es tu interés, obviamente tendrás que centrarte en una de las ramas del  árbol genealógico y seguir la línea paterna o de primogenitura (según el caso). Además, es imprescindible tener conocimientos de genealogía, una disciplina auxiliar de la historia tan apasionante como compleja. La investigación requiere ser cauto, especialmente cuando tus pesquisas te lleven más allá de 1871, fecha en la que se crea en España el Registro Civil. Te recomiendo consultar la página de la BNE dedicada a Genealogía y Heráldica, así como el Blog de Genealogía Hispana. Si decides recurrir a los servicios de un profesional, se muy cauto en la elección, asegurándote de que se trata de un verdadero experto en la materia. Como curiosidad te recomiendo leer esta entrevista con Fernando Hidalgo, historiador y genealogista. 

  • Historia familiar. No necesariamente se vincula a un apellido concreto, buscando el rastro de varias ramas o tal vez solo de alguna de ellas, pero de forma exhaustiva. A diferencia de la anterior, se trata normalmente de una investigación familiar horizontal, es decir, incluye normalmente tíos y hermanos de abuelos, además de sus cónyuges. En este tipo de proyectos es muy fácil perderse, por lo que la recomendación es primero acotar el alcance para centrar las pesquisas iniciales en los familiares relevantes para tu objetivo. Suele remontarse tres o seis generaciones a lo sumo, es decir, hasta abuelos o tatarabuelos, dependiendo del número de ramas que incluya (los cuatro abuelos, o solo la rama materna/paterna). En estos proyectos, es importante comenzar por revisar la documentación familiar de la que se disponga y preguntar a los allegados. Será necesario recoger (y compartir) los avances en un árbol, para el que puede utilizarse cualquiera de las herramientas disponibles en Internet. Si la empresa te parece compleja, te puede orientar el artículo Mi árbol genealógico: ¿por dónde empiezo?

  • Indagar sobre las raíces. Si tu familia procede de distintos lugares, el proyecto tiene algún matiz distinto al de una mera historia familiar. Requiere recopilar toda la información disponible, incluyendo al menos los hermanos de los abuelos, junto a sus parejas, para completar la línea ascendente. Esto facilitará localizar descendientes que aún residan en la localidad de origen con quienes, si comparten tu interés, podrás colaborar, completando la documentación de partida. Esta incluye  fotografías, correspondencia de nuestros mayores o escrituras que aportarán valiosas pistas. Si perdiste la pista de tu familia allí, un primer paso puede ser averiguar si existe alguna asociación cultural dedicada a la historia local. Si es así, seguramente podrán facilitarte contactos de familiares u otros datos de interés. 

En todos estos casos, es muy interesante localizar los testamentos, conservados directamente por la notaría o en el Archivo de Protocolos correspondiente, porque permiten identificar con fiabilidad a los descendientes del finado y su edad, además de los padrones, no tan fidedignos con las fechas, pero muy útiles para conocer detalles como la residencia o el oficio de nuestros ancestros. La visita al archivo municipal o parroquial es, en todo caso, imprescindible.

Por otra parte, hay ocasiones en las que la investigación familiar se encuentra dentro de una terapia de atención médica o psicológica. En estos casos, no es un árbol genealógico la herramienta más útil, sino lo que se conoce como genograma. Se realizan atendiendo a una simbología específica que busca representar el detalle de las relaciones entre los miembros de una familia en un momento determinado. La perspectiva siempre es horizontal (hermanos, cuñados…), centrada por lo general en tres generaciones, girando alrededor del sujeto identificado como paciente. Es muy relevante la información de detalle sobre cada individuo, de distinto tipo según la finalidad de la terapia.



  • Se aplica también en terapias familiares, de calado social o psicológico, buscando desequilibrios emocionales o de comportamiento, basados en conflictos originados en el entorno familiar, próximo o remoto. Se utiliza en un abanico amplio de situaciones que van desde tratamientos convencionales hasta terapias alternativas, con derivadas como la teoría del transgeneracional. Hay multitud de información sobre estos temas, tanto a la hora de elaborar el genograma, como sobre la importancia de la familia en este tipo de trastornos. 


Y, finalmente, se encuentra la posibilidad de que seas un estudioso de la historia, en cuyo caso encontrarás en la investigación familiar una herramienta muy útil de aproximación al pasado, más o menos remoto, de la mano de personajes célebres o anónimos, que va a aportar matices no siempre recogidos por la literatura convencional. Por otra parte, epistolarios, recordatorios de comunión o anotaciones en los márgenes de los libros en bibliotecas privadas, son  testigos valiosos de la mentalidad de sus dueños y de sus patrones culturales. Si este es el objetivo, además de seleccionar la línea genealógica a investigar, habría que comenzar por identificar las fuentes a las necesitaremos recurrir. Como mero resumen puede resultar útil revisar el listado que se recoge en la entrada Reconstruir la historia familiar: archivos y fuentes de información, con alguna puntualización:

  • Biografías. Lógicamente el foco lo constituye el biografiado, por lo tanto es relevante la línea descendente y ascendente directa (es decir padres, abuelos), pero también una investigación familiar horizontal que recoja hermanos y tíos, ya que habitualmente forman parte del entorno de relaciones cotidianas del personaje. Según su profesión puede ser relativamente sencillo localizar información si se trataba, por ejemplo, de un militar, un maestro o un periodista.

  • Historia local. Conviene partir de una noción previa sobre las características de la época porque facilitarán localizar las fuentes más relevantes e interpretar correctamente la documentación que recopilemos.

  • Historia de las mentalidades. Especialmente relevante es la documentación de carácter personal, aunque es necesario recabar una muestra lo más amplia posible de individuos, a diferencia de lo que ocurre en las biografías donde el foco se encuentra en recopilar la mayor cantidad posible de fuentes (directas o indirectas) sobre una persona concreta.


En cualquiera de los proyectos citados la prensa de la época proporcionará noticias sobre las personas investigadas o su contexto. En este sentido la prensa local es sumamente útil por el detalle que ofrecía en cuanto a transeúntes, eventos y llegada de maestros, militares o sacerdotes a la población. En este sentido, las páginas de sociedad son una fuente muy valiosa para la historia cultural, aunque requieren recopilar un número tan amplio como sea posible de cabeceras. Por ello la consulta de la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica es inexcusable, al menos como un primer paso que podrá completarse con la visita a la Biblioteca o la Hemeroteca Municipal correspondiente, a fin de ampliar la búsqueda con los ejemplares aún no digitalizados. 


UN CASO PRÁCTICO DE INVESTIGACIÓN FAMILIAR

Con independencia de la motivación de nuestras pesquisas, es necesario partir de la recopilación de los datos de que disponemos, analizarla cuidadosamente según nuestro objetivo y ser sistemático (y sobre todo paciente), a la hora de decidir los pasos que vamos a dar. Por si te resulta inspirador, a continuación puedes acceder al vídeo resumen de una experiencia de estas características en la que se incorporan varios de los fines que se han indicado. Se trata de la presentación realizada por el Grupo Cultural “Amador de los Ríos” de dos publicaciones que culminan el primer hito de una investigación en la que se embarcaron los descendientes de once hermanos, a quienes la Guerra Civil y los avatares de la posguerra dispersaron por distintas localidades de España.

Grupo Cultural "Amador de los Ríos". Baena (Córdoba).

A través de esta asociación retomaron el contacto, perdido por dos generaciones, completando su árbol genealógico en dos versiones. La primera, que ya se había iniciado antes del reencuentro,  giró sobre el apellido nexo entre ellos ("de los Ríos"), incluyéndose solo a aquellos que aún lo conservaban. El segundo, accesible por Internet, refleja las líneas ascendentes y descendentes, y en él aparecen todos los familiares, aunque ya no conservaran el apellido. En el transcurso de sus pesquisas se hizo hincapié en localizar información sobre Antonio de los Ríos Urbano, ya que fue el primer y último alcalde republicano de la localidad, desapareciendo de escena tras el alzamiento militar en aquella localidad, en el que participaron varios de sus familiares.

Ochenta años después, descendientes de unos y otros han compartido recuerdos familiares,  fotografías y documentación, recopilando noticias de prensa y documentos de archivo, plasmando en dos publicaciones la información obtenida:





En curso aún se encuentra la investigación sobre la trayectoria del apellido en la localidad y las indagaciones sobre otro miembro de la familia, Antonio Pedrajas de los Ríos, artista y militante del Partido Socialista, exiliado en Francia y cautivo en un campo de concentración. 

Se trata de un caso práctico de historia familiar, útil no solo en su vertiente genealógica, sino para la propia historia de la localidad. El detalle de la aventura y la movilización de apoyos dentro y fuera de la familia que ha suscitado, se esboza en el vídeo, pero lo trataremos en breve dentro de este blog. 


Si te interesan estos temas, 
¿he logrado convencerte de que este es el año para iniciar esa investigación
 que tantas veces te has planteado realizar?. 


 

sábado, 7 de enero de 2017

2017: gato blanco, gato negro... efemérides para un año que empieza

Arranca un año plagado de conmemoraciones y efemérides de distinto signo. Se cumplen cien años desde la Revolución Rusa y otros tantos de la aparición de la Virgen en Fátima… cada cuál que escoja el evento a recordar según sus preferencias. 

Confieso que este año que empieza tiene en este sentido un carácter especial para mí, ya que se cumplirán setenta años del fallecimiento de uno de los mitos familiares que mi imaginación calenturienta ha ido elaborando desde la infancia. Se trata de mi abuelo Antonio, cuyas peripecias se colaban en historia familiar que me contaba mi madre, cual daño colateral de una juventud sesgada por su fallecimiento. Nunca supe por qué disponía de tan poca información de alguien tan singular a todas luces, ni la razón del empeño en no contarme con pelos y señales cada minuto de los vividos en unos tiempos que pasaron a la historia. 

Más tarde comprendí que la memoria es un arma de doble filo en la que una mente sana olvida cuanto no quiere recordar y más en la infancia, ese periodo de la vida donde uno intenta eliminar todo lastre para el futuro. Entendí también que mis padres, niños en la Guerra Civil, vivieron en un tiempo de silencio donde no todo se contaba, especialmente cuando no convenía airearlo.

Con mi amigo Nidal hace unos meses buscaba alguna fotografía de aquellos años para componer un videoclip de la canción “Gato blanco, gato negro” cuyos compases retumban en mi cabeza según escribo estas líneas.



Rostros anónimos asoman a través de las crónicas de los reporteros de aquel tiempo reflejando en su mirada el espanto de unos hechos que acarrearon múltiples tragedias públicas y privadas. Algunas como la matanza de Guernica, cuyo ochenta aniversario conmemoraremos en abril, fueron inmortalizadas y pervivirán por siempre en nuestra memoria. Sin embargo el destino de aquella anciana y su nieta refugiadas durante los bombardeos en el metro de Madrid, que hace años tanto me impresionó cuando recuperé la foto en el A.G.A., no corrió tanta suerte.

 “[…] circulan por la avenida brigadistas del mundo entero, pero cuentan las malas lenguas que se ha cruzado un gato negro”

Pienso en la letra de esta canción y se me antoja que no uno sino varios gatos negros debieron de cruzarse por el camino de mi abuelo para que, como tantos otros, su trayectoria cayera en el olvido de propios y extraños. Ironías del destino, teniendo en cuenta que aquel hombre, periodista para más inri, tenía por oficio el de plasmar la realidad para información de sus coetáneos y por vocación la de paliar desigualdades tan centenarias como los olivos que arropan la localidad de la que fue alcalde en dos ocasiones.

Antonio de los Ríos Urbano.


Cuando digitalicé esta foto, hace más de quince años, no reparé
en la fecha de la dedicatoria. La firma está datada en 1939, año
en el que debió de emprender el viaje más incierto de su vida.
Hoy pocos en su pueblo recordarán su nombre, ni tampoco que fue él quien inauguró y clausuró en el ayuntamiento aquel experimento, a medio camino entre idealismo y revolución, que ensayó la II República. Los vecinos de Baena es difícil que recuerden que deben a Antonio de los Ríos, no ya el kiosco de música del parque, sino la creación de la primera biblioteca municipal y las primeras instituciones de carácter social, cultural, educativo y sanitario que tuvo la localidad. Menos aún le imaginarán, finalizada la Guerra, recluido en una aldea de Sierra Morena recreando las letras de una cartilla de caligrafía que sirviera de ayuda a su mujer, depurada de su plaza de maestra en Cabra y trasladada a una remota escuela situada en un “valle perdido de una sierra prieta”.

Hay ocasiones en las cuáles el correr es de valientes.
Un "inocente" ejercicio de caligrafía para la escuela en la que trabajaba su mujer.
Riadas de tinta se han escrito sobre la Guerra Civil… entonces y desde entonces. Sin embargo, esto no implica que a todos se haya dado voz. No solo a quienes fueron aplastados por cuarenta años de silencio, sino también a quienes nunca aparecieron aunque estuvieran en el lado vencedor y, sobre todo, a tantos como quedaron a medio camino, espantados por hechos que se desbocaron sobre sus vidas o ideas que quedaron desvirtuadas cuando salieron de la arena política y se batieron en el campo de batalla o en la represión de la población civil. 

En aquella “sierra prieta” pienso que mi abuelo tuvo mucho tiempo para pensar. La muerte civil era un castigo muy liviano en un tiempo de sangre y presidio, pero no por ello es menos cruel la condena al silencio para quien la palabra constituye su medio de vida. El país quedó plagado de Antonios, y también de Ramones, de Fernandos, de Obdulias, de Pepes y de Cármenes… vidas truncadas en las que cada cual se las compuso lo mejor que pudo, según el bando donde le tocara jugar y el petate que llevara a sus espaldas.

 “Quiero que vengas al pueblo y me cantes junto al fuego esas historias tan tristes que contaban los abuelos”

Ahora, la trifulca está en la calle… afortunadamente solo en el callejero. Enarbolamos la bandera de la memoria sin la cautela de dar voz a todos y sobre todo a aquellos que en uno y otro lado quedaron en tierra de nadie… ya se sabe, “siempre ganan los malos cuando son más que los buenos”. No es cuestión únicamente de poner calles aquí o allá, ni tampoco de eliminar unos símbolos para enarbolar otros. Más allá de esto, que puede tener todo el sentido según las circunstancias, es tiempo de una relectura serena y de una reflexión que contraste las conclusiones obtenidas a partir de las fuentes conocidas hasta ahora, con nuevos testimonios que poco a poco salen a la luz desde archivos públicos y privados… y no solo en el ámbito de la historiografía, sino también de la propia memoria familiar de muchos de nosotros.

Vista del antiguo campanario tras la Batalla de Brunete.
2017 es una fecha para las efemérides. Entre otras cosas pasará a la historia por ser el año en el que asumirá la presidencia de Estados Unidos Donald Trump, cuanto menos la mayor sorpresa del baile electoral democrático de nuestro tiempo. Con distinta intensidad, sospecho, los medios se harán eco de los cincuenta años transcurridos desde la Guerra de los Seis Días o la tragedia del Apolo 1 y fallecimientos como el de Ernesto Che Guevara, coincidiendo con el año de la muerte de Azorín. Por supuesto se cumple el primer centenario de la Revolución Rusa y habrá quien recuerde también el milagro de Fátima, hechos no del todo inconexos entre sí según la perspectiva del juglar que nos cante la gesta. Cien años de Soledad también cumple medio siglo y el recordatorio de nuestra Guerra Civil dará pie a rememorar la Batalla de Brunete o el bombardeo de Guernica y, con menos intensidad seguramente, el de Durango que tuvo lugar el mismo año y a muy pocos kilómetros, pero no fue inmortalizado en ninguna obra de arte… por citar sólo algún ejemplo de las probables ausencias y presencias en los recordatorios de este año.   

Sin embargo, no olvidemos que la memoria no es historia, aunque sí una valiosa fuente para reconstruir el pasado y un homenaje a las gestas de nuestros mayores. Que en este año los árboles no nos impidan ver el bosque y el recuerdo del pasado nos permita escuchar todas las voces y, a ser posible, sin distorsión. 

La realidad nunca es blanca ni negra. Es sabido que éstos son precisamente los únicos colores que, como tales, no existen en la naturaleza. Todo depende de lo que entendamos por “color”… y de que quien hable sea un artista o un científico. Por cierto, un gato negro no siempre y no en todas las culturas es símbolo de mala suerte.

domingo, 2 de octubre de 2016

Letras clandestinas y cultura de trastienda: fotograbado de la censura franquista.

Desde abril y hasta finales del mes de octubre la Imprenta Municipal de Madrid da voz en la exposición “Letras clandestinas” a distintos colectivos protagonistas en el franquismo de una cultura proscrita desde 1939 hasta 1976. Otra cara de la censura que incide más en las formas de expresión del pensamiento disidente que en los mecanismos de coacción articulados por el Régimen. La exposición, comisariada por el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense, Jesús A. Martínez Martín, recopila una interesante muestra de materiales organizados en distintas secciones al objeto de recrear una cultura impresa no siempre reflejada por la bibliografía sobre la censura.

Más allá de obras que en su momento fueron secuestradas y denunciadas, se recogen textos procedentes del extranjero en un momento en el que la cultura se convirtió en un arma de resistencia. Es el caso de la célebre editorial Ruedo Ibérico, fundada en 1961 por españoles refugiados en París que lograron publicar más de un centenar de obras destinadas a distribuirse, de forma clandestina, por nuestro país. También la editorial Losada consagró su actividad a publicar desde Argentina toda la obra literaria de la Generación del 27, cuyo catálogo terminó burlando la censura, tras ser prohibido en España. Portadas secuestradas, obras denunciadas nos observan desde las vitrinas dando fe de un tiempo en el que publicar un libro podía constituir una actividad de riesgo. 



Una disidencia editorial que esgrimió el libro político como arma de resistencia frente al discurso oficial y que, cual agua en una gotera, terminó por colarse en la trastienda de las librerías y en la calle, a través de las múltiples fisuras de las que adoleció la censura franquista. Por ello, la exposición muestra el testimonio de las más variopintas artimañas para burlar el control policial, desde pies de imprenta falsos hasta portadas trucadas que no pueden dejar de arrancar una sonrisa al visitante cuando encuentra, por ejemplo, textos del célebre líder del partido comunista, Vicente Uribe, camuflados en unos inocentes Ejercicios Espirituales para el Año Santo.

Inauguración de la exposición.
"Letras escondidas" y "letras cautivas": las primeras, ocultas en sofisticadas falsificaciones, las segundas, protagonistas de una cultura fraguada en cautividad desde la soledad de una celda.  DNIs y pasaportes falsos, como el de Santiago Carrillo, oculto bajo un inofensivo Alfredo Solares, tampones ocultos, mensajes cifrados, dignos de una trama de misterio, miran con descaro al visitante, ahora sí, a plena luz del día. Y en la otra cara de la moneda, textos manuscritos, redactados desde la cárcel, cuidadosamente ilustrados con una llamativa iconografía que potencia la elocuencia de un mensaje doblemente clandestino. 

Dibujos en los que los presos daban rienda suelta a su creatividad, como la “tertulia mañanera en la celda cien” que conmueve por su expresividad. Verdaderas obras de arte que tomaron vida de la mano de aquellos reclusos que buscaban a partes iguales distraer el tedio de horas interminables, ahuyentar la ausencia de sus seres queridos y alentar a sus compañeros a la resistencia, a través de una cuidada caligrafía en poemas, informes o periódicos manuscritos que terminaban circulando por los más ingeniosos cauces.

Años en los que se propició una cultura de trastienda, donde minervas, ciclostiles y vietnamitas dieron voz a una disidencia activa cuyo vehículo fue la palabra impresa. La muestra recrea aquellos espacios clandestinos que no pocas veces terminaban siendo incautados por la policía, amén de los secuestros de ediciones que acompañan con el quebranto económico eventuales penas de cárcel y sanciones adicionales.

Y puestos a evocar aquella época, desfilan ante el visitante multitud de colectivos: universitarios y mujeres, asociaciones vecinales y nacionalistas,  soldados y creyentes, partidos en la clandestinidad… con distintos grados de militancia y muy distinto discurso, todos ellos tenían en común el representar puntos de vista alternativos al mensaje oficial y buscaron la forma de hacerse oir, no solo a través de libros y revistas, sino también de lo que la exposición denomina “letras panfletarias”, es decir, literatura efímera plasmada en folletos, hojas sueltas, carteles y pintadas en la calle. 

Fuente:
Biblioteca Digital Memoria de Madrid
Un plano de las imprentas clandestinas en la capital entre 1939 y 1951 ilustra el vigor de esa cultura paralela que se desarrollaba en un país de doble fondo, charlas de trastienda, habitaciones ocultas y doble fondo en las maletas. Los primeros números de publicaciones como  “La mujer en marcha”, “Cristianos por el socialismo”, “El soldado. Portavoz de la Unión Democrática de Soldados” son algunos de los ejemplares que a un visitante poco familiarizado con la época pueden sorprender, al tiempo que los expositores dan fe de los conflictos, que también en aquella época, protagonizaron distintos sectores de la izquierda articulados en formaciones políticas con distinto grado de combatividad. 

Al tiempo se evocan aquellas entrañables lluvias de octavillas en las fábricas y los barrios de trabajadores del cinturón urbano de Madrid, donde entidades vecinales comenzaban a organizarse ya desde los años sesenta, como la Asociación de Vecinos de Aluche, que comenzaba a aglutinar por aquel entonces  a distintos colectivos artísticos para desarrollar una actividad de difusión cultural que hoy en día continua desempeñando. 

Años convulsos cobran vida con las revueltas universitarias, dentro y fuera de nuestras fronteras, los disturbios de mayo del 68, el inminente retorno de una monarquía no igual de legítima para todos, la Guerra del Vietnam, la Guerra Fría o la muerte de Hồ Chí Minh, convertido en icono de la resistencia ante el “amigo americano”, terminan de retratar aquellos años en blanco y negro, donde los primeros televisores y el emblemático 600, empujaban a los ciudadanos a pensar que todo estaba cambiando en un país empeñado en que todo siguiera igual el mayor tiempo posible. 

La Imprenta Municipal
en la década de los 30
Y como colofón, la muestra recoge el testimonio en vídeo de algunos editores, políticos, militantes del PCE y otros protagonistas de aquella cultura clandestina que en mayor o menor medida sufrieron en carne propia el zarpazo de la represión física o el exilio. Minutos de descanso para el visitante que permiten reflexionar cómodamente sentado en un banco frente al audiovisual donde un anciano Óscar Alzaga o Nicolás Sánchez Albornoz, le cuenta desde el salón de su casa las peripecias de una época felizmente pasada.

En definitiva, la exposición evoca a través de sus restos materiales una cultura que no por clandestina dejó de configurar la realidad de aquella época. Paseando por el edificio de la Imprenta Municipal, uno de los más bonitos ejemplos de la arquitectura industrial de la II República, no pude evitar parafrasear en mi mente la frase bíblica: “y la palabra se hizo texto y habitó entre nosotros”.

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LUGAR: Municipal - Artes del Libro. Sala de exposiciones temporales de La Imprenta. C/ Concepción Jerónima, 15.
FECHA: 28 de abril de 2016 - 30 de octubre de 2016
HORARIO: Martes a viernes: 10:00 a 20:00 h. / Fines de semana: 10:00 a 14:00 h. / Cerrado los lunes.


Díptico de la exposición.

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OTRAS RESEÑAS:





domingo, 29 de noviembre de 2015

La huella de nuestro tiempo: ¿una nueva "edad oscura"?

Viajar al pasado implica husmear entre restos materiales que han logrado sobrevivir al paso del tiempo. Objetos que cobran vida y nos hablan de sus dueños, pensamientos que intentamos adivinar a través de la mirada de una fotografía antigua. Y, entre todos, no hay mensaje más elocuente que el pensamiento plasmado en las paredes de una caverna, en un papiro, en un códice o en un periódico. En definitiva, pasear por la alfombra roja de la historia requiere permitir a las generaciones futuras rastrear nuestra huella sobre los restos de nuestro mundo físico. Necesitamos disponer de objetos tangibles que sobrevivan al tiempo y hablen de nosotros cuando ya no estemos, por lo que es preciso que nuestro pensamiento, nuestro arte y nuestras vicisitudes queden plasmados en un soporte duradero y accesible para nuestros nietos. 

Ahora bien, buena parte de nuestra existencia discurre por la senda de lo virtual en nuestras relaciones con los semejantes y en nuestras lecturas, en lo que recibimos de nuestro entorno y en lo que aportamos. Cierto es que lo digital tampoco es etéreo pero se materializa en soportes efímeros condicionados por los vaivenes de un mercado que debe parte de su prosperidad a una obsolescencia programada (o sobrevenida) de dispositivos y programas informáticos, amén de soportes y formatos. No hablamos ya de las tarjetas perforadas de antaño, sino de cintas VHS o disquetes que en apenas un par de décadas han quedado relegados al silencio por la dificultad de reproducir su contenido. 

Ya en los albores de Internet, cuando apenas era una promesa para el ciudadano de a pie, hubo voces que alertaron sobre el manto de silencio que podría cubrir nuestro tiempo. Se habló incluso de una nueva “Edad Oscura”, expresión con la que se conocen periodos de la historia de los que apenas han quedado textos, ni rastro material y que consideramos tiempos de decadencia y crisis: el final del periodo micénico en la antigua Grecia o los primeros siglos de la Edad Media tras el colapso del imperio romano.   

Hace unos días, en el blog A un Clic de las TIC, publiqué un artículo titulado ¿Caminamos hacia una “edad oscura digital”? en el que retomaba el tema, al hilo de la conferencia que dio Mar Pérez Morillo el pasado mes de abril en el TEDxGranVía. Una invitada de lujo para repasar las medidas adoptadas por la Biblioteca Nacional para conservar nuestra memoria digital en el contexto de la preservación del patrimonio cultural español de distintas épocas y en distintos soportes físicos.

Haciendo hincapié en la selección de contenidos relevantes, la estrategia seguida por las bibliotecas nacionales europeas plantea una política de conservación que contrasta con iniciativas auspiciadas por Internet Archive y la pretendida biblioteca universal de la que Google lleva haciendo acopio, con el concurso de buen número de universidades europeas, desde hace años. Como telón de fondo se encuentra la lucha por garantizar al ciudadano la consulta gratuita de los fondos documentales, hoy y en el futuro, de la que se han hecho eco iniciativas como Open Access, que promueven el acceso libre y sin obstáculos a la información científica custodiada en grandes repositorios institucionales. Políticas de conservación cuantitativas frente a estrategias cualitativas. Difusión universal del patrimonio cultural y científico, frente a pasarelas de pago a una librería universal: ese es el debate. 




En las últimas décadas, Google ha digitalizado millones de libros huérfanos de derechos de autor en todo el mundo, para posteriormente venderlos online, al tiempo que ofrecía proyectos de digitalización de bibliotecas universitarias y académicas gratuitos a cambio del acceso exclusivo a través de la plataforma HathiTrust Digital Library, bajo el control de dicha empresa. La propuesta de Vinton Cerf, vicepresidente de Google, a comienzos de 2015 relativa a permitir recrear en el futuro nuestro mundo digital, conservando para ello no solo los contenidos, sino el hardware y el software que lo soportan actualmente, podemos interpretarla dentro de esta estrategia de creación de una biblioteca universal que ha generado un interesante debate sobre los peligros de un eventual monopolio en el acceso a la información. 

Biblioteca Nacional de España (BNE)
Frente al afán por una recolección cuantitativa, las bibliotecas nacionales europeas, como cabeceras de las entidades encargadas de preservar el patrimonio cultural de sus respectivos países, han cerrado filas en torno a iniciativas de muy distinto calado. Es el caso de Europeana o su filial española Hispana, que abogan por estrategias de conservación puramente cualitativas, basadas en la selección de materiales y un tratamiento documental que busca el enriquecimiento de los contenidos, escapando de clasificaciones cuantitativas tan características de entornos virtuales. 

La sostenibilidad desde un punto de vista tecnológico de estas estrategias viene avalada por estándares como OAIS (Open Archival Information System) que se ha convertido en modelo de referencia para archivos digitales al contemplar en la descripción los aspectos técnicos y legales asociados al documento que deben tenerse en cuenta para su consulta en el futuro. Esto afecta tanto a contenidos creados en un entorno virtual, como a proyectos de digitalización de fondo antiguo. Por otra parte, la IFLA, como entidad internacional de referencia en el campo de la cooperación bibliotecaria y la propia UNESCO ya llevan años trabajando en la línea de garantizar un acceso universal a la memoria de nuestro tiempo, y al patrimonio documental que hemos heredado. 

La Torre de Babel (Pieter Brueghel)
Si nuestra época pasará a la historia como una edad oscura, seguramente no será por la pérdida de nuestro rastro digital. Sin embargo, sí podríamos convertirnos en ciudadanos de una nueva Torre de Babel donde la adoración el avance tecnológico, entendido como fin y no como medio, nos lleve a olvidar la enseñanza del pasado y a caminar hacia el futuro ciegos de experiencia.

Pasado el umbral del primer milenio de nuestra era, la humanidad logró escapar de la oscuridad de siglos anteriores, recuperando para la posteridad narraciones orales contemporáneas y textos clásicos. Diez siglos después, disponemos de más medios que ninguna otra generación para conservar nuestra memoria y transmitir la herencia cultural de quienes nos precedieron. Nuestra huella será borrada por la marea del tiempo si, escuchando cantos de sirena, no mantenemos a buen recaudo nuestro patrimonio cultural, asegurando en el futuro un acceso libre y gratuito. Algo que debemos tanto a nuestros abuelos como a nuestros nietos.

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REFERENCIAS DE INTERÉS:


domingo, 1 de noviembre de 2015

Tras el rastro de nuestros abuelos: genealogía y memoria familiar en el siglo XXI

Es curioso constatar como a lo largo de nuestra vida las festividades y conmemoraciones adquieren un cariz distinto conforme avanza nuestra biografía. Quienes nos encontramos en esa etapa de la vida en la que, al cruzar frente a un espejo,  vemos pasar fugazmente a una señora de sorprendente parecido con nuestra madre, asistimos a la celebración de la festividad de todos los Santos con un sabor de boca agridulce, que se debate entre el recuerdo de quienes nos dejaron y el anuncio de esa nostalgia melancólica que irá creciendo en intensidad conforme se acerque la Navidad.

Es el momento de la vida en el que nos visita el recuerdo de conversaciones intrascendentes que mantuvimos en su día con padres, tíos o abuelos, a las que en aquel momento no prestamos mayor atención. Datos, nombres, detalles que nos asaltan con interrogantes que danzan en nuestra cabeza, cual crepitar del fuego en la chimenea durante una fría noche de invierno. Fotografías u objetos de nuestros padres que siempre estuvieron ahí y que ahora parecen cobrar vida como mudos testigos de biografías ajenas, cuya sombra de alguna forma teje nuestro propio historia vital.

Novela ambientada en la historia
de la última mujer decapitada en
Islandia. Título muy sugerente
para estas fechas.  Ver Reseña
Y es que el ser humano desde antiguo, en todas las civilizaciones, ha incorporado el recuerdo a los antepasados con rituales que conjuran el miedo a la muerte y al vacío que deja la marcha de nuestros seres queridos. Unas veces pidiendo su protección, otras asegurándose de marcar el camino para evitar inquietantes visitas desde el otro mundo. Mezcla de superstición y transcendencia, lo cierto es que el hombre de todos los tiempos y de todas las culturas, de una u otra forma, siempre ha necesitado ubicar su biografía en la trayectoria de quienes le precedieron, dando sentido a su existencia dentro de un clan o de un linaje (según la época). Obviamente mediaban evidentes intereses económicos relacionados con la transmisión de la propiedad, títulos u otro tipo de prebendas… pero el hecho de que hoy en día la investigación del pasado familiar cultive tantos adeptos constata la existencia de condicionantes más íntimos en esta inquietud.

Psicólogos, sociólogos y antropólogos han dedicado numerosos estudios a estas cuestiones, buscando explicación a la permanencia de trifulcas familiares mantenidas de abuelos a nietos, con anécdotas curiosas como las que recoge Martine Segalen en un interesante estudio sobre Memorias y Recomposiciones Familiares, en el que analiza los “bricolajes en la construcción del pasado” que realizan los hijos de familias con divorcios y segundas nupcias a lo largo de tres generaciones.

Mi agradecimiento a Beatriz Ares, maestra de
Reiki, quien me ha introducido en una
visión de la genealogía que yo desconocía por
completo. Más información.
No parece que en la sociedad actual el tema haya perdido protagonismo. El tratamiento de los desequilibrios emocionales provocados por asuntos no resueltos por nuestros antepasados ha dado pie a lo que se conoce como "psicogenealogía", amén de la "biodescodificación" y la "problemática transgeneracional" vinculada al "inconsciente del clan" en terapias para el tratamiento de enfermedades desde la orilla de la psicología y la espiritualidad. La popularidad de estos temas para el descreído ciudadano del siglo XXI es una prueba elocuente del interés por estas cuestiones. 

Ahora bien, “la cabra tira al monte” y yo confieso mayor inclinación por la vertiente que nos arroja en el rastreo del pasado y la recopilación de las huellas dejadas por la historia más reciente. Como asignatura pendiente tengo el ahondar en la historia oral como metodología para recopilar testimonios que, de otra forma, caerán en la noche del olvido. Reconstruir hechos tan traumáticos como nuestra Guerra Civil con estas fuentes requiere una especial cautela por la avanzada edad de quienes aún viven y por el recuerdo de lo acontecido desde valores y planteamientos actuales, cuando la narración llega en boca de sus descendientes. Indagando sobre estas cuestiones me encontré un interesante trabajo titulado Memoria Familiar y Mito: la Resignificación del Pasado, basado en un ejercicio de historia oral que analizaba mitos familiares en la narración de dos artesanas mejicanas sobre un conflicto acaecido en el pasado por la compraventa de un terreno.

http://memoriahistorica.org.es/

Más allá del ámbito estrictamente familiar, el impacto de sucesos traumáticos sobre la memoria colectiva ha sido sobradamente estudiado en diferentes países y épocas. En España es conocida la trascendencia de la denominada “memoria histórica”, con una vertiente académica, social y legislativa. En el primer plano hay toda una corriente historiográfica impulsada, entre otros, por Julio Aróstegui, primer director de la Cátedra «Memoria Histórica del Siglo XX» de la Universidad Complutense de Madrid. A pie de calle, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ha recopilado cientos de historias familiares, desde que en octubre del año 2000 se descubriera la primera fosa republicana en la localidad leonesa de Priaranza del Bierzo. Desde entonces, la exhumación de restos en distintos puntos de la geografía española  ha promovido un movimiento a favor del reconocimiento de las víctimas del franquismo que culminó con la aprobación, en diciembre de 2007, de la Ley de Memoria Histórica

Índice y presentación
Tema polémico por la instrumentación política de la iniciativa y objeto también de debate entre los propios historiadores, con voces discordantes entre la que tuvo especial eco la de Santos Juliá, que recelaba del concepto “memoria histórica”, basado en recuerdos personales que podrían distorsionar la reconstrucción de lo que realmente ocurrió. Juzga por ti mismo a través del libro dirigido por el autor, coincidiendo con el debate previo a la aprobación de la Ley, titulado “Memoria de la Guerra y del Franquismo”.

Lo cierto es que, al margen de adeptos y detractores, en las últimas décadas ha habido una inquietud por recopilar historias de familia con multitud de iniciativas de todo orden y condición que merecerían por si solas un post específico en este blog. Mencionaré solo, por mis pesquisas personales, el tesón de historiadores locales que, como Arcángel Bedmar, han recuperado del olvido cientos de historias. En este caso, fotos familiares de maestros, jornaleros, militares y otras víctimas en la provincia de Córdoba ilustran narraciones rescatadas por su blog y en distintas publicaciones, aportando datos que en algunos casos plantean interrogantes sobre lo dicho hasta ahora.

Blog de Arcángel Bedmar
Historias anónimas con relevancia para historiadores, pero que marcan puntos de ruptura en la historia de muchas familias. Casos desconocidos, incluso para sus propios familiares, como la historia del guardia civil que salvó las vidas de los dirigentes del centro obrero de Albendín y que Bedmar recoge en el libro “Patriota era, y patriota soy” sobre la investigación realizada a partir de la conversación con uno de sus alumnos, nieto del protagonista.

A poco que excarvemos en nuestra historia familiar seguramente encontraremos anécdotas insospechadas, aunque probablemente en un ámbito mucho más cotidiano.  Hechos traumáticos (o felices) que de alguna forma marcaron la trayectoria de nuestros mayores, e indirectamente la nuestra.

Foto: ARMH
La indagación en el pasado familiar no siempre es tan difícil como parece. Lo sepamos o no, en casi todas las familias suele haber alguien especialmente interesado en estos temas que conserva fotos, o recortes de prensa, por puro azar o por vocación. Documentos familiares con los que nos podemos topar y cuyo valor es difícil de interpretar sin datos que pueden aportar otros miembros de nuestra generación o de generaciones anteriores. 

El interés del pragmático ciudadano del siglo XXI por indagar en su pasado familiar se hace patente en la cantidad de  servicios de genealogía ofertados vía Internet (con seriedad y rigor profesional muy dispar). Por otra parte, el avance en la digitalización de archivos públicos abre la puerta a investigaciones personales que nos permiten a golpe de clic recuperar información sobre nuestros mayores, de difícil acceso hace unos años. 

Si te interesa el tema, te daré pistas sobre cómo comenzar a indagar. Ahora bien, una cosa es tirar del hilo de tus ancestros inmediatos y otra muy distinta completar más allá de cinco o seis generaciones tu árbol familiar. La genealogía es una ciencia muy compleja y seguir la investigación más allá de 1870, cuando no existían los registros civiles, es posible, pero requiere conocimientos algo más especializados para eludir falsos positivos que reconstruyan una historia familiar tan completa como falsa. 

Mariposas, lamparillas y velillas
Un post entrañable sobre esta tradición. 
En cualquier caso, está en tu mano completar la historia familiar más cercana pudiendo compartir tus hallazgos con allegados que tal vez en este momento no conozcas, pero que podrían tener inquietudes similares. En plena era de las redes sociales, hay además herramientas que facilitan la ardua tarea de documentar y actualizar la información que vayas recopilando.

Prometo facilitar pistas para comenzar. Ya decidirás tú el nivel de exhaustividad que requieres. Especialmente si te encuentras entre los que, aún hoy, buscan en las droguerías esas mariposas de aceite con las que nuestras abuelas por estas fechas recordaban a sus muertos. Y en el camino, podría ocurrir que te tropezaras con familiares vivos a los que les perdiste la pista... o se la perdieron tus padres.

[Continuará]