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martes, 25 de junio de 2024

¿Qué voy a ser de mayor? (Tribulaciones II)

 

Este curso por primera vez he formado parte de un tribunal de EvAU. Alrededor de cincuenta estudiantes se sentaron en el aula convencidos de que se estaban jugando su futuro en esas pruebas, pese a que el porcentaje de aprobados es muy elevado. Sin embargo, las notas de corte para el ingreso en algunas carreras les dan la razón. No sospechan que su proyección profesional dependerá más de la capacidad que desarrollen estos años para adaptarse a un mercado laboral incierto, que de la titulación en la que ahora se matriculen.

¿Qué voy a ser de mayor?, tribulaciones de una madre es el título de un artículo en el que, hace la friolera de ocho años, compartía el desasosiego que provocaba en el entorno familiar la convivencia con una estudiante de segundo curso de Bachillerato. No era un caso particular. Quien tenga un hijo adolescente que pretenda realizar estudios universitarios sabe bien de lo que hablo. 

Desde entonces, mucho ha llovido. Aquella angustiada adolescente superó las pruebas, que entonces se conocían como “PAU”, terminó su carrera y, hoy en día, está trabajando en aquello que tanto deseaba, una vez decidió qué iba  a estudiar. Años después nos tocó repetir la travesía por el infierno con nuestro segundo hijo, que también consiguió superar el reto, ya con las siglas EvAU. Actualmente se encuentra entusiasmado con unos estudios de los que muchos intentaron disuadirle (con la mejor intención), por ser buen estudiante y tener la osadía de matricularse en una carrera de Humanidades. Este verano nos preparamos emocionalmente para sobrevivir a una nueva experiencia traumática, en el acompañamiento de nuestra hija pequeña que el próximo curso se estrena en el temido Bachillerato, con un horizonte más que incierto por los cambios anunciados en la prueba de acceso a la Universidad.

Tras esgrimir el manido "ocúpate, no te pre-ocupes", lo cierto es que no se puede prever qué ocurrirá de aquí a dos años, con las vueltas que da la vida (y la política educativa de este país). Sin ir más lejos, cuando escribí aquel artículo, yo no podía imaginar  que años después me iba a tocar jugar en el otro lado del campo, recibiendo a temblorosos estudiantes de primer curso en sus primeros días de clase y, menos aún, que algún día me vería en la tesitura de encontrarme frente a una montaña de exámenes de selectividad para corregir en un tiempo récord. Creo que nunca había sentido tanta responsabilidad, pese tener ya varios años de experiencia como profesora, siendo consciente de que, en esta ocasión, tenía entre manos los sueños de más de un centenar de criaturas para las que sólo unas décimas podrían ser decisivas en su destino. 

Y es que, como comentaba con mis compañeros mientras observábamos a aquellos chavales examinándose, sacrificamos los mejores años de su adolescencia en la mera preparación de una prueba que no demuestra la capacitación intelectual de los estudiantes para cursar estudios superiores. Cual Saturno devorando a su hijo, el modelo actual impide al profesorado de Secundaria inculcar en el alumnado el amor por el conocimiento y menos aún desarrollar experiencias de aprendizaje mínimamente enriquecedoras, en un momento de la vida en el que la mente se encuentra particularmente receptiva a todo tipo de experiencias. Francamente, en la parte que me toca, no me sorprende que los jóvenes detesten la Historia como disciplina, habiendo sido obligados a cabalgar a galope por un temario orientado a la memorización de datos y no a la comprensión de las problemáticas del pasado y su huella en el presente. Poco les aporta engullir datos que no hay tiempo para explicar y que, cuando olviden, podrán recuperar a golpe de tecla.  Esto aplica prácticamente a todas las materias, consiguiendo eliminar cualquier atisbo de pensamiento crítico en unos jóvenes ciudadanos que recurrirán a Instagram o TIC-TOC como principales referentes para informarse y comprender la realidad. En estas condiciones el campo queda abonado para que charlatanes, oportunistas, demagogos y otras bacterias del ecosistema mediático hagan su trabajo.

Pero, al margen de ello, es preocupante la desconexión entre ese mundo universitario, al que con tanto afán quieren incorporarse, con la realidad del mercado laboral. Por mucho que se pretenda lo contrario, las puertas de la Universidad aún están cerradas a cal y canto al mundo extra-académico. La nueva LOSU se ha encargado de asestar la puntilla, reduciendo en la práctica la presencia de figuras como la del profesor asociado (perfil docente, no académico) bajo la promesa de estabilización. Es decir, sacando a concurso unas plazas que, cambiando las reglas del juego, excluirán a buena parte de los actuales docentes, por muchos años de experiencia que tengan. Esto ocurre especialmente en las carreras de Humanidades, donde los responsables de lidiar con este desaguisado tienen serias dificultades para identificar salidas profesionales ajenas a la docencia para quienes no quieran (o no hayan podido) dedicarse a la investigación. 

Con estos mimbres es difícil que sepamos preparar a los jóvenes para lidiar con un nuevo marco laboral donde ya no funcionan viejas recetas, pero hay campo esperando para la siembra y, si no se llega a tiempo, serán otros quienes lo cultiven. Nos dicen que en pocos años muchas profesiones que actualmente existen, desaparecerán. Pero no es sólo eso. La realidad es que aquellos oficios que permanezcan se transformarán radicalmente por obra y gracia de los avances de una inteligencia artificial que está dando el salto desde las películas de ciencia ficción a nuestro día a día

Quienes hoy estudian Medicina es muy posible que en el futuro pasen más tiempo utilizando dispositivos electrónicos que palpando al paciente. Si el niño salió filólogo es probable que cuando termine la carrera reciba más ofertas de empleo de laboratorios de I+D que de escuelas de idiomas. Pero tampoco hay que cantar victoria si optó por estudiar ingeniería del software. Para triunfar, va a tener que especializarse y, desde luego, aprender tecnologías de las que no había rastro en su programa de estudios. No olvidemos que el padre de Frankenstein murió intentando controlar al monstruo que él mismo había creado y, en este caso, un autómata podrá no tener alma, pero programará mucho mejor y más rápido que el más aplicado de los humanos. De hecho, la fiesta ya ha empezado. Algunos de los recientes procesos de despido colectivo en empresas tecnológicas han justificado los excedentes de plantilla con la implantación de la inteligencia artificial en sus procesos de negocio. 

Por eso, la clave de la empleabilidad radica principalmente en el perfil de trabajador que se va a demandar en el futuro. El alumnado no termina su formación cuando se gradúa. El máster que cursen después podrá encauzarlos, pero tampoco será la panacea que garantice su inserción en el mercado de trabajo. Van a tener que aprender a detectar oportunidades y para ello es esencial que sepan en qué tipo de actividades son buenos y no tanto qué saben hacer en un momento dado. El factor diferencial radica, más allá de conocimientos teóricos cuyas lagunas se pueden cubrir, en capacidades y destrezas que no siempre se desarrollan en el aula. Muchas de estas habilidades tienen que ver con lo que nos define como humanos (empatía, creatividad…) que difícilmente puede emular una máquina. Son cualidades que se entrenan y que no suelen contemplarse en la práctica docente universitaria, ajena a cualquier habilidad transversal, no directamente relacionada con cuestiones científicas. Este es el caso de destrezas digitales que deberían formar parte del programa curricular de cualquier titulación. 

Así que, si por alguna extraña razón, vuestro hijo quiere estudiar latín, no os angustiéis. Pensad que los lingüistas fueron el primer perfil del que tiraron los ingenieros que comenzaron a investigar en inteligencia artificial y, de hecho, la tecnología PLN (procesamiento de lenguaje natural) es un campo en expansión. Los geógrafos también encuentran caladeros de empleo en la oferta de trabajo de multinacionales de software para el desarrollo de sistemas SIG, hoy tan en boga con el auge de la geolocalización. Amantes de la mitología clásica han terminado muy bien colocados diseñando videojuegos, una disciplina que tiene ya rango de carrera universitaria, algo impensable en tiempos de nuestros padres (cuando ni siquiera existía esta industria). Son sólo algunos ejemplos, pero lo cierto es que el mismísimo John Hanke, uno de los dioses del olimpo TI, fue en su día estudiante de Humanidades. Este detalle no es anecdótico. Demuestra la importancia de comprender la realidad más allá de los dictados del lenguaje binario.

John Hanke, CEO de Niantic

Lo importante es que el alumnado se involucre en su propio proceso de formación. Nadie sabe, a día de hoy, qué carreras tendrán o no salidas profesionales en los próximos años. Siendo realistas, la única certeza es la incertidumbre y en este escenario llegar a puerto no depende tanto de la titulación, como de la destreza para navegar en medio de la tormenta. Y con el aire que se está levantando, me temo que esto también aplica a quienes aprobamos la antigua Selectividad hace varias décadas. No nos empeñemos en guiar a los jóvenes con mapas en los que figura la Atlántida como tierra de oportunidades.


Imagen de cabeceracortesía de Alba, Rubén y Ángel, mis compañeros de "equipo EvAU", que me han permitido compartir este recuerdo. Coincidir con ellos ha sido, sin duda, lo mejor de esta experiencia. Aprovecho para reivindicar la heroica labor que desarrollan cada curso los profesores de Secundaria en la preparación de estas pruebas.


lunes, 23 de abril de 2018

La importancia del idioma como materia prima

Para conmemorar el Día del libro multitud de artículos nos hablan sobre la evolución de este viejo amigo, al tiempo que proliferan listas de lecturas que buscan incentivar un hábito del que parece que nos aleja nuestra ajetreada cultura digital. Sin embargo pocas veces aprovechamos la ocasión para reflexionar sobre la importancia de su materia prima, el idioma. Y es que en casos como el de la lengua española, su valor va más allá de la obvia capacidad como instrumento de comunicación, entrando de lleno en el campo de la economía al constituir uno de nuestros principales activos, con un potencial del que probablemente no somos conscientes.

Es un hecho que con frecuencia nos cuesta valorar lo familiar y cotidiano. No iba a ser de otra forma en algo tan nuestro como ese idioma con el que aprendimos nuestras primeras palabras, en el que pensamos y con el que nos comunicamos a diario. Tal vez no seamos conscientes de que la lengua en la que estáis leyendo nos permite comunicarnos con ocho personas de cada cien que habitan este planeta. Ni tampoco que en veintiún países este es el idioma oficial, lo que no solo nos simplifica la estancia como turistas, sino que amplía nuestro potencial mercado laboral o el horizonte del negocio, en el caso de que probemos suerte como emprendedores. Un privilegio del que no disfrutan todos los hablantes de esas aproximadamente siete mil lenguas que comunican a los seres humanos que habitan este planeta. 

Y es que el español es el segundo idioma por importancia en el panorama internacional. El inglés, como el latín antaño, es en efecto la lengua franca de la cultura dominante. La tecnología, dios de la economía digital, se escribe en este idioma y el peso de la comunidad anglófona es hoy por hoy indiscutible. Por su parte, el chino es el idioma  con más hablantes nativos. Pero si ponderamos el peso del idioma no solo por cuestiones demográficas, como el número de hablantes o los países en los que es lengua oficial, con el volumen de exportaciones, reconocimiento como idioma oficial en foros como la ONU y traducciones con origen y destino en el español, nos encontramos con que ocupa el segundo puesto, después del inglés, y ganando posiciones.

El idioma en la escuela estadounidense. Datos 2014.

En la actualidad cuenta con la friolera de 572 millones de hablantes, de los que 477 tienen el español como lengua materna, más de 21 millones estudian nuestro idioma y casi 74 millones tienen un dominio limitado, es decir, lo comprenden aunque no lo hablen con fluidez. Ignoro si en este último grupo se contabilizan los estudiantes de algunas comunidades autónomas que no priorizan precisamente en sus planes educativos el aprendizaje del español, pese a su proyección objetiva.

Hispanohablantes en EE.UU. Censo 2010.
Bromas aparte, lo cierto es que se estima que en 2060 Estados Unidos será el segundo país hispanohablante del mundo y en la actualidad, incluso en ciudades emblema de la cultura anglófona como Londres o Nueva York, es el segundo idioma en el que tuitean sus habitantes. Se estima que el español va a experimentar a lo largo del siglo XXI un crecimiento exponencial, impulsado por la demografía y cuya presencia en el panorama internacional se apuntalará a medida que la comunidad hispanohablante se incorpore a la sociedad digital, un camino ya iniciado pero que aún no ha llegado a su máxima expresión. No obstante, ya hoy países como el Reino Unido consideran al español la lengua con mayor proyección para el futuro y en el ámbito europeo está desplazando al francés o el alemán como segunda lengua.

Todo ello, tiene repercusiones económicas directas o indirectas. Pensemos en algunos datos:

  • El programa Erasmus nos convierte en el país favorito de los estudiantes procedentes de 32 países europeos. ¿Motivo?: nuestro idioma.
  • El denominado factor “ñ” multiplica por cuatro las exportaciones bilaterales entre países hispanohablantes, cuya contribución al PIB mundial es del 6,4%, superior al de países de habla alemana o francesa.
  • Nuestra industria editorial es una de las más potentes, de hecho España es el tercer país exportador de libros del mundo y uno de los principales sectores por su aportación al PIB nacional. En el ámbito de las traducciones es el tercer idioma destino y el sexto desde el que se traduce a otras lenguas.
  • El 7,7% de los internautas se comunica en español y consume contenidos en español. Por otra parte, el desarrollo en los próximos años de la inteligencia artificial es mucho más que una promesa. ¿Cuál es uno de sus pilares?: el desarrollo y aplicación de tecnologías del lenguaje. Será difícil ignorar el español, teniendo en cuenta su mercado potencial. No hay solo músculo demográfico, el poder adquisitivo (por ejemplo) de la comunidad hispanohablante en EE.UU. comienza a crecer lo suficiente como para tener muy presente su demanda potencial en particular para la economía digital.
  • Dentro de la industria de la cultura, en países como España, los contenidos en su lengua nativa aportan directamente un 3% del PIB nacional.


En definitiva la lengua es un activo inmaterial con relevancia económica que trasciende a las actividades directamente relacionadas con el idioma, como puedan ser los servicios de traducción o  enseñanza. Otros sectores persiguen fines diversos, pero utilizan la lengua como materia prima esencial. Con esta perspectiva un informe elaborado por Fundación Telefónica cifraba en 2007 el valor económico del idioma en casi un 16% del PIB español,  generando casi 3 millones y medio de empleos en nuestro país. Por ello este trabajo recogía la convicción de que el idioma es, en el caso del español, el “mayor y más valioso activo intangible que tiene la economía. La siguiente infografía sintetiza alguno de estos datos y de las cifras que presenta el último informe del Instituto Cervantes titulado El español: una lengua viva. Informe 2017



Si en el siglo XVI la primera lengua romance en independizarse del latín vivió su Siglo de Oro, con el salto al otro lado del Atlántico, todo apunta a que en el siglo XXI el español volverá a convertirse en “idioma de moda”, esta vez impulsado por los vientos de Internet. Sin embargo, no todo son luces en cuanto a la presencia en el ámbito internacional:

  • En primer lugar, el peso del español en la comunidad científica está muy lejos de ser equiparable con el porcentaje de hablantes a escala mundial. Los textos en español tratan principalmente de robótica, ingeniería de la construcción y biomedicina, tres campos en los que sobresalen publicaciones en nuestro idioma. En ellos despuntan nuestros investigadores, pero no son los únicos. 
  • En segundo lugar, pese a que el español es el cuarto idioma oficial en la Comunidad Europea y el tercero en la ONU, apenas se utiliza como lengua de trabajo en los foros internacionales
  • Por último,  se encuentra la batalla por la presencia en Internet, donde es preciso lograr que los motores de búsqueda otorguen mayor visibilidad a los textos en nuestro idioma. Junto a ello es preciso dar el paso desde el perfil de meros consumidores al de contribuidores en la economía digital, de la mano de la tecnología.

Para todo ello las políticas lingüísticas pueden actuar como factor de dinamización o de retardo. Pongamos un caso práctico. En Wikipedia los textos en español se encuentran por detrás de la aportación de idiomas como el cebuano, una lengua que se habla en Filipinas por parte de 21 millones de personas y que es la tercera en número de entradas, por detrás del inglés y el sueco. No cabe interpretar el dato únicamente sobre la especial fecundidad intelectual de los autores filipinos. Es un hecho que el impulso de políticas que reconocen la importancia del idioma es esencial en este y otros ámbitos.  Volviendo a la Wikipedia, por su aportación de entradas el español se encuentra en el noveno lugar, aunque por las consultas que se realizan en nuestro idioma ocupemos la sexta posición.

Anuario publicado desde 2010.
Desde esta perspectiva, entre las luces del español se encuentra un modelo de evolución conocido como panhispanismo, que ha permitido incorporar nuevas voces con distintos orígenes, pero dando lugar a escasas variedades dialectales, si lo comparamos con otros idiomas como el chino. 

Por otra parte, dentro del estado español durante siglos han convivido distintas lenguas, fruto de la riqueza y pluralidad cultural de la Península Ibérica. Algunas, como el euskera, tienen el mérito de haber sobrevivido a los romanos, aunque el afán de normalización artificial corre el riesgo de sacrificar dialectos centenarios a manos del denominado "batúa", ese nuevo esperanto usado como idioma común para la enseñanza y la Administración Pública,  pero que dificulta la comunicación en su lengua nativa entre una abuela vizcaína y su nieto educado en una ikastola. Me pregunto, por ejemplo, si dentro de dos generaciones se seguirá hablando en Lequeitio la variante del vizcaíno que conocieron sus tatarabuelos. Y en otras comunidades el afán por incentivar la lengua nativa está llevando a retirar artificialmente de la escena pública el castellano, pese a que la convivencia de lenguas ha sido siempre un hecho cotidiano para sus afortunados ciudadanos, multilingües desde el nacimiento. 

Con ello se convierte el idioma en un instrumento de reivindicación, olvidando su cualidad principal como vehículo de comunicación que amplía horizontes. La lengua no es propiedad de los estados, sino de sus hablantes. Su valor trasciende a lo material, pero que se traduce en beneficios tangibles. La comunidad hispanohablante dispone en la economía digital de nuevas oportunidades si se apoya, precisamente, en el idioma que les une y en la pluralidad de las culturas que aglutina. Por definición la cultura es integradora y las políticas lingüísticas deberían capturar oportunidades, más que imponer restricciones o interferir en su desarrollo natural. No es una cuestión de opinión, son datos objetivos. Como decía Saint-Exupéry por boca del Principito, los adultos somos seres que necesitamos manejar cifras para tomarnos la realidad en serio. Y el último informe sobre el uso del español publicado por el Instituto Cervantes es muy claro en sus conclusiones. 

¿Perderemos la oportunidad de sacar partido a un bien económico que se revaloriza solo con el uso?.


lunes, 24 de abril de 2017

La crisis del libro en el siglo XXI: ¿realidad o mito?

Año tras año, la celebración del Día Mundial del Libro da pie a una reflexión sobre el papel de este mágico artefacto dentro de la economía digital y su papel en esa sociedad del conocimiento de la que tanto se habla. El duelo entre cultura audiovisual y textual fuerza a reivindicar el papel del libro como producto de información cualificada frente a la mera agregación de datos servida al ciudadano vía Internet. Pero la trayectoria del libro, a medio camino entre objeto de entrenamiento y soporte de información, confluye en este momento con la de la próspera industria de contenidos, con tasas de consumo creciente en los hogares. 

Si a ello le unimos, según las encuestas, tasas de lectura mejorables, cierre de librerías y la hiperconectividad de los jóvenes españoles, podemos llegar a pensar que el futuro del libro, al menos del libro tradicional, no es muy halagüeño. Sin embargo los últimos datos publicados desmienten algunos de los tópicos más usuales en relación a la supuestamente escasa presencia del libro en nuestra vida cotidiana. 

Pongamos algunos ejemplos:

  • El español no lee. En realidad leemos más que nunca, de hecho los dispositivos digitales y las redes sociales favorecen que leamos constantemente. Y también leemos libros, de hecho lo hace el 92% de la población española, aunque no sean lectores frecuentes. Incluso en este caso el porcentaje ha aumentado  nada menos que 11,2 puntos en los últimos quince años y además con un nivel de actividad mayor que en el pasado, a juzgar por el número de títulos. Eso sí, el impacto del lenguaje tuitero se hecho sentir en el mundo editorial con la popularización del texto breve, ya sea en formato de poema o microrrelato (menos de 10.000 palabras) y el auge de los concursos literarios especializados en esta modalidad.

  • El libro en papel está abocado a desaparecer. Crecen las ventas y la lectura de ebooks, pero su facturación en las cuentas de los editores aún es residual y se reduce en casi un punto su presencia dentro de la oferta bibliográfica global. Por el contrario, la producción de libros en papel ha aumentado casi un 4% en los últimos años, y el público lector declara mayoritariamente su preferencia por este formato. Al tiempo, merman los adeptos a la edición digital, hoy por hoy solo un 30%, por lo que parece que la lectura de libros es el único hábito que se resiste a la progresiva digitalización en el día a día de los ciudadanos, salvo en la lectura de prensa. En el mundo del libro la evolución ha variado según el subgénero. El cómic ha experimentado un auge inusitado al albur de su lenguaje híbrido con la combinación de texto e imagen, tan atractivo para su difusión vía Internet. Otros, como la antigua literatura de quiosco (novela romántica y de ciencia ficción, principalmente) han sido los primeros en poblar el catálogo digital de las editoriales. Sin embargo la oferta de ebooks aún es escasa no llegando, en la mayoría de los casos, ni siquiera a la mitad del fondo bibliográfico de los sellos más populares. Avanza, es cierto, pero lo hace a un ritmo más lento del esperado y por el momento no destrona el reinado del libro impreso.



Por otra parte, el paulatino incremento de la lectura digital no es un fenómeno exclusivamente juvenil, sino que se produce en todos los rangos de edad. Las bondades del eReader son elogiadas cada vez más por usuarios mayores de 55 o 65 años, una vez dinamitada esa brecha digital de la que tanto se ha hablado, con la incorporación de este colectivo al ámbito de la comunicación digital y las redes sociales.

Ahora bien, al margen de los cambios el libro como producto, la transformación de los hábitos de lectura y la simbiosis entre redes sociales y los tradicionales círculos de lectores, esto no implica que el sector editorial se encuentre exento de amenazas, ni mucho menos que se mantenga al margen de nuevos modelos de negocio auspiciados por la economía digital:

  • La convivencia entre canales de venta virtuales y presenciales se ha hecho sentir antes y con mayor impacto, principalmente en los distribuidores minoristas, afectando en primer término a la librería tradicional, pero también a otros establecimientos como los quioscos , cuyas ventas se han reducido en más de un 50 % en los últimos cinco años. Sin embargo han surgido propuestas verdaderamente innovadoras que apuntan a nuevo concepto de librería como punto de encuentro y principal prescriptor del usuario, incluso como punto de recogida de pedidos online, algo especialmente valorado por lectores reacios a la compra digital.

  • Cambios en la cadena de valor tradicional del libro. El desembarco de nuevos actores (Amazon, Google, TELCOs…) y la necesidad de reducir costes, abaratando el precio de las obras obliga a editores, distribuidores y agentes literarios a reformular su papel para sobrevivir ante movimientos caníbales que buscar eliminar intermediarios. Entre unos y otros se desdibujan las fronteras de manera que las editoriales habilitan sus propios canales de distribución, los distribuidores firman potentes alianzas, los agentes literarios toman la iniciativa, rescatando viejos éxitos editoriales (recordemos a la siempre pionera Carmen Barcells) e incluso negocios inicialmente basados en el mundo de la impresión progresan hacia fórmulas como la de los servicios de autopublicación.


http://www.unesco.org/new/es/unesco/events/prizes-and-celebrations/celebrations/international-days/world-book-and-copyright-day-2017/
UNESCO. Propuesta de actuación 2017

Pero en la propia amenaza reside, tal vez, la oportunidad. La experiencia de una de las industrias editoriales más antiguas (e importantes) del mundo tiene mucho que aportar a ese joven sector de contenidos que ha irrumpido con fuerza en el panorama cultural. De hecho, aún hoy, el sector editorial lleva la voz cantante dentro del PIB cultural, a poca distancia (pero con ventaja) del mundo audiovisual y multimedia. Ahora bien, superada la resaca de la crisis es preciso afrontar el reto de integrar el libro digital dentro de un modelo económico sostenible.



Pero no se trata solo de otorgar mayoría de edad al libro digital y normalizar su producción y venta dentro del negocio editorial. Lo que verdaderamente urge es ajustar oferta y demanda, superando el recurso a reducir tiradas de ejemplares y acortar la vida comercial de la obra en el mercado, para evitar que, como ahora, muchos textos dejen de estar disponibles al poco de salir a la venta. La dualidad de edición digital y en papel o fórmulas de impresión bajo demanda podrían solventar este problema. Servicios de suscripción o consumo en streaming de libros contribuirán en el futuro a acortar distancias entre autor y lector. En un escenario así, el soporte sería tan anecdótico como debe ser el canal de venta en el acceso a cualquier producto o servicio.


Lo que verdaderamente importa es garantizar la disponibilidad de la obra y hacerlo para todos, sea cual fuere el soporte (impreso o digital) y el canal de distribución (online o tienda física). Abaratar precios dentro de un catálogo dual (ebook vs. papel)  y cuidar la edición orientada a colectivos específicos, como puedan ser usuarios con dificultades de lectura o cualquier discapacidad, es remar a favor de ese papel integrador que la Unesco reivindica este año en su tradicional discurso con motivo del Día Mundial del Libro. Porque todos tenemos derecho a disfrutar de lo que alguien, en algún lugar del planeta, en algún momento de la historia, escribió para nosotros. ¿No crees?.

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Más información:


domingo, 24 de abril de 2016

Libros 2.0 ¿algo más que eBooks?

Un año más se celebra ese entrañable Día del Libro que en nuestro país este año celebra su noventa aniversario, aunque no fuera hasta 1930 cuando comenzó a festejarse un 23 de abril.
El texto y su difusión a través de las redes sociales hace inevitable dedicar unos minutos a pensar sobre el papel de los libros en una sociedad 2.0. Hace ya casi un par de años presenté una comunicación sobre Estrategia editorial en el siglo XXI: evolución del sector hacia el ecosistema digital en el Taller dedicado a estos temas en el XII Congreso de la Asociación de Historia Contemporánea. Desde entonces adopté la costumbre de curiosear por los informes que periódicamente se publican sobre libros y hábitos de lectura y el impacto de las nuevas tecnologías en el mundo editorial. 

Y por lo que parece, entre todas las actividades de nuestra vida cotidiana donde lo digital triunfa, la lectura es la única que se resiste a abandonar el formato analógico. Aún hoy es mayoritaria la preferencia por el tradicional libro en papel frente al ebook, pese a las ventajas que este soporte presenta para un ciudadano (no importa su edad) que tiene a su disposición multitud de dispositivos electrónicos con los que se conecta diariamente a internet.

Siguiendo con las paradojas, sucede también que esos jóvenes eminentemente sociales e hiperconectados, manifiestan su preferencia firme por el libro físico e incluso protagonizan fenómenos virales de la mano de youtuber que reclutan miles de seguidores con sus reseñas literarias. Al tiempo, autores consagrados no dudan en experimentar con fórmulas de crowfunding y escritura colaborativa cuando el guión lo exige.

Que el libro digital no se imponga con el ritmo que algunos habían previsto no significa, ni mucho menos, que se mantenga al margen de esa sociedad 2.0 de la que formamos parte. La transformación del ecosistema editorial tal vez no venga en un primer momento de la mano de nuevos soportes, ni siquiera de la aparición de nuevos modelos de negocio. El despegue del libro digital en el campo de la educación y nuevas fórmulas de interacción con el contenido que favorece ese lenguaje multimedia e hipertextual, innato en la cultura digital, tal vez sí sean la clave de un nuevo libro que comienza a perfilarse en las primeras décadas del siglo XXI.

Como muestra, recopilo en la siguiente infografía algunos datos de los últimos informes publicados que me han llamado la atención. Sirva de modesto homenaje al compañero más antiguo del hombre desde el comienzo de la civilización: ese artefacto mágico que llamamos "libro".


https://magic.piktochart.com/output/13243374-librostic


domingo, 7 de febrero de 2016

¿Qué voy a ser de mayor? (tribulaciones de una madre)


Convivo con un ser humano del que se han adueñado las hormonas y un terror incontrolado a la PAU (Prueba de Acceso a la Universidad). Duerme poco, sale con sus amigos (sorprendentemente) menos y experimenta repentinos cambios de humor que la abandonan en la más profunda desesperación para, a continuación, tocar el cielo con los dedos sin motivo aparente que justifique tales alardes.

Solo quien tenga un hijo estudiando segundo de Bachiller, comprende la situación.

Al menos ahora ha tomado una decisión respecto a la carrera que quiere cursar, lo que le aporta una relativa estabilidad emocional, al hacerse visible la meta y el camino a recorrer. No es poco. El inicio del año escolar fue mucho más turbulento, atribulada por la incógnita de un futuro incierto en el que no terminaba de verse unas veces como enfermera militar y otras como educadora social en un campo de refugiados… no parecía haberse inventado profesión que se ajustara a sus inquietudes. Y entre tanta incertidumbre la eterna pregunta sobre qué profesiones tienen más futuro.

Mucho se ha escrito sobre ello. Todo apunta a que, en cualquier ámbito, el oficio de nuestros hijos se escribirá en digital y no solo por la creciente demanda de ingenieros e informáticos. Tanto si se dedican a la enseñanza como a la medicina, el bonete y su orla se coronarán con una arroba. Esto es así incluso para quienes que se orienten hacia el tan denostado ámbito de las humanidades. Cierto es que no proliferan los puestos de trabajo convencionales para este perfil, pero se abren camino nuevas oportunidades de la mano de una industria de contenidos, en los que estos perfiles tienen mucho que aportar. Sin ir más lejos, Google anunció hace tiempo su intención de contratar a 4000 doctores en humanidades en los próximos años

Lo cierto es que las disputas con nuestros retoños, cuando optan por carreras universitarias con limitadas salidas profesionales, son completamente estériles. Y no sólo por aquello de la vocación y el respeto a su primera decisión como adultos. El mercado laboral está cambiando tanto y tan deprisa que, ni siquiera optando por carreras en auge, hay garantías de que al finalizar sus estudios la tortilla no haya dado la vuelta. Esto podría ocurrir por inflación de profesionales (la oferta de empleo en los "nichos estrella" tampoco es infinita), por el apagado del fulgor de los clásicos perfiles de prestigio (por modas o por imposición de un cambiante mercado laboral) o, simplemente, porque aparezcan nuevas oportunidades hoy en día inexistentes. De hecho, se ha llegado a decir que el 65% de los estudiantes de Secundaria trabajarán dentro de diez años en empleos que a día de hoy no existen

Sin embargo, nuestros actuales “proto-bachilleres” ya son “nativos digitales”. Seres que culminan cualquier experiencia vital con el preceptivo anuncio en su red social favorita, vía foto. Una imagen no vale más que mil palabras, simplemente las palabras forman una parte muy residual de su lenguaje. Ilustran la imagen, no al contrario. A este talante se unen los esfuerzos por avanzar en una educación cada vez más digital, lo que hace pensar que su capacitación en este ámbito no será una rémora para su futuro profesional. Pero, para encontrar cabida en ese mercado tan convulso, no basta con matricularse y asistir a clase, por mucho fulgor que tenga la titulación escogida.


Ahora bien, todo apunta a que la recompensa a una esmerada educación no va a ser precisamente un trabajo estable y sin sobresaltos. El problema ya no está solo en que la oferta de trabajo sea suficiente y los candidatos estén preparados para atenderla. Suponiendo un escenario optimista en el que ambas premisas se cumplen, nuestros retoños no podrán prescindir de una formación continua, tanto por caminos reglados (académicos) como informales. De hecho, esto ya es una realidad palpable para nosotros, los adultos, con independencia de cuál sea nuestro oficio/profesión. Y sobre, todo, aunque el viaje sea accidentado, no hay excusa para el desaliento, por muchas aventuras y desventuras que les aguarden. Concebirlas como un mal necesario o como un reto es una decisión personal que marca las probabilidades de éxito (y su estabilidad emocional).

Al tiempo que estaba sumida en mis maternas tribulaciones comencé a investigar las andanzas de un nuevo espécimen que prolifera en el mundo anglosajón y que  ha comenzado a tener dignos exponentes en el territorio patrio. Se les conoce como “Knowmadas”, palabreja traducida por “nómadas del conocimiento” o “locos del conocimiento” según la lectura que queramos hacer. Es un perfil cuyo hábitat natural es el teletrabajo, pero que no debemos confundir con un teletrabajador al uso en una empresa convencional.

Llegado este punto procede hacer una lectura en modo “vaso medio lleno”. Al margen de la creciente exigencia del mercado laboral (visión “vaso casi vacío”), lo cierto es que el ecosistema digital genera nuevas oportunidades para profesionales inquietos o para emprendedores. Dicho de otra forma: para inconformistas y aventureros. Es una fauna diversa: individuos que no logran desarrollar su profesión como quisieran o trabajadores constreñidos por las limitaciones de una empresa convencional. Estos prometedores talentos buscan su "salida al mar" a través de Internet como plataforma privilegiada de comunicación con sus clientes. De ello se deriva un nuevo concepto del servicio y del propio trabajo, sin oficina ni horario prestablecido. Llevado al extremo, hay quienes han optado por dedicarse a ello a tiempo completo, traspasando la frontera laboral para convertir su proyecto en una nueva forma de vida. 


“Knowmadas”: una nueva tribu en el ecosistema digital


Más aún, termina por diluirse el concepto de “profesión” en la amalgama que forma la conjunción de formación académica, experiencia profesional y aficiones personales. Tengo muchos amigos que en paralelo a su trabajo desarrollan otros negocios, no siempre en campos afines. Se puede interpretar como una segunda oportunidad... o como una alternativa para quien no quiera perder ningún tren.

Una buena amiga, brillante "teleco", es además maestra de Reiki. Otra (no menos talentosa), ejecutiva de una multinacionacional, es una magnífica consultora de belleza. Tengo familia que se dedica a la literatura, procedentes de trayectorias profesionales muy dispares, otros han cambiado su rumbo profesional con el tren en marcha (o en una vía en paralelo). Lo importante es que, de una u otra forma, lo aprendido en la universidad, junto con la experiencia laboral y sus propias aficiones, han puesto los cimientos de otras actividades que en principio nada tienen que ver con la proyección profesional que imaginaron en su época de estudiantes. 


Lectura recomendada para madres
novatas  y "anejas"


Pensando en mi niña, tengo que decir que hay momentos en los que parece que la recupero. Se dirige a mi entusiasmada y me asalta con ese “mamá, una cosa” que siempre ha sido el preludio de alguna reflexión descabellada. Estos arrebatos suele ser provocados por cualquier idea relacionada con esas actividades extraescolares que la apartan de lo que ahora es su meta: aprobar con honor el dichoso examen de ingreso en la universidad.

Es cierto que debe centrar todo su esfuerzo este año en el objetivo que se ha propuesto. Pero no estoy segura de que deba apartarse de lo demás. Todo suma. Todo es experiencia. De todo se aprende. Tal vez sea esta la actitud que deba inculcarle. Como decía su abuela, “la vida da muchas vueltas” y por lo que parece, en el futuro el mercado laboral va a ser un auténtico tiovivo.

La civilización se asocia al desarrollo de una cultura sedentaria, el nacimiento de la escritura y el triunfo de la palabra. En el siglo XXI retorna el lenguaje iconográfico en clave multimedia y triunfan las tribus nómadas pobladas por cazadores de oportunidades. No sobrevive el más fuerte, sino el que mejor se adapta, como aseguran que dijo Darwin. Aunque tenga más fama el velociraptor, quien lleva dando guerra más de medio millón de años es la actinobacteria, aunque esté recluida en Siberia y la mayoría de los mortales no tengamos ni idea de que existe ese "bicho". 


domingo, 29 de noviembre de 2015

La huella de nuestro tiempo: ¿una nueva "edad oscura"?

Viajar al pasado implica husmear entre restos materiales que han logrado sobrevivir al paso del tiempo. Objetos que cobran vida y nos hablan de sus dueños, pensamientos que intentamos adivinar a través de la mirada de una fotografía antigua. Y, entre todos, no hay mensaje más elocuente que el pensamiento plasmado en las paredes de una caverna, en un papiro, en un códice o en un periódico. En definitiva, pasear por la alfombra roja de la historia requiere permitir a las generaciones futuras rastrear nuestra huella sobre los restos de nuestro mundo físico. Necesitamos disponer de objetos tangibles que sobrevivan al tiempo y hablen de nosotros cuando ya no estemos, por lo que es preciso que nuestro pensamiento, nuestro arte y nuestras vicisitudes queden plasmados en un soporte duradero y accesible para nuestros nietos. 

Ahora bien, buena parte de nuestra existencia discurre por la senda de lo virtual en nuestras relaciones con los semejantes y en nuestras lecturas, en lo que recibimos de nuestro entorno y en lo que aportamos. Cierto es que lo digital tampoco es etéreo pero se materializa en soportes efímeros condicionados por los vaivenes de un mercado que debe parte de su prosperidad a una obsolescencia programada (o sobrevenida) de dispositivos y programas informáticos, amén de soportes y formatos. No hablamos ya de las tarjetas perforadas de antaño, sino de cintas VHS o disquetes que en apenas un par de décadas han quedado relegados al silencio por la dificultad de reproducir su contenido. 

Ya en los albores de Internet, cuando apenas era una promesa para el ciudadano de a pie, hubo voces que alertaron sobre el manto de silencio que podría cubrir nuestro tiempo. Se habló incluso de una nueva “Edad Oscura”, expresión con la que se conocen periodos de la historia de los que apenas han quedado textos, ni rastro material y que consideramos tiempos de decadencia y crisis: el final del periodo micénico en la antigua Grecia o los primeros siglos de la Edad Media tras el colapso del imperio romano.   

Hace unos días, en el blog A un Clic de las TIC, publiqué un artículo titulado ¿Caminamos hacia una “edad oscura digital”? en el que retomaba el tema, al hilo de la conferencia que dio Mar Pérez Morillo el pasado mes de abril en el TEDxGranVía. Una invitada de lujo para repasar las medidas adoptadas por la Biblioteca Nacional para conservar nuestra memoria digital en el contexto de la preservación del patrimonio cultural español de distintas épocas y en distintos soportes físicos.

Haciendo hincapié en la selección de contenidos relevantes, la estrategia seguida por las bibliotecas nacionales europeas plantea una política de conservación que contrasta con iniciativas auspiciadas por Internet Archive y la pretendida biblioteca universal de la que Google lleva haciendo acopio, con el concurso de buen número de universidades europeas, desde hace años. Como telón de fondo se encuentra la lucha por garantizar al ciudadano la consulta gratuita de los fondos documentales, hoy y en el futuro, de la que se han hecho eco iniciativas como Open Access, que promueven el acceso libre y sin obstáculos a la información científica custodiada en grandes repositorios institucionales. Políticas de conservación cuantitativas frente a estrategias cualitativas. Difusión universal del patrimonio cultural y científico, frente a pasarelas de pago a una librería universal: ese es el debate. 




En las últimas décadas, Google ha digitalizado millones de libros huérfanos de derechos de autor en todo el mundo, para posteriormente venderlos online, al tiempo que ofrecía proyectos de digitalización de bibliotecas universitarias y académicas gratuitos a cambio del acceso exclusivo a través de la plataforma HathiTrust Digital Library, bajo el control de dicha empresa. La propuesta de Vinton Cerf, vicepresidente de Google, a comienzos de 2015 relativa a permitir recrear en el futuro nuestro mundo digital, conservando para ello no solo los contenidos, sino el hardware y el software que lo soportan actualmente, podemos interpretarla dentro de esta estrategia de creación de una biblioteca universal que ha generado un interesante debate sobre los peligros de un eventual monopolio en el acceso a la información. 

Biblioteca Nacional de España (BNE)
Frente al afán por una recolección cuantitativa, las bibliotecas nacionales europeas, como cabeceras de las entidades encargadas de preservar el patrimonio cultural de sus respectivos países, han cerrado filas en torno a iniciativas de muy distinto calado. Es el caso de Europeana o su filial española Hispana, que abogan por estrategias de conservación puramente cualitativas, basadas en la selección de materiales y un tratamiento documental que busca el enriquecimiento de los contenidos, escapando de clasificaciones cuantitativas tan características de entornos virtuales. 

La sostenibilidad desde un punto de vista tecnológico de estas estrategias viene avalada por estándares como OAIS (Open Archival Information System) que se ha convertido en modelo de referencia para archivos digitales al contemplar en la descripción los aspectos técnicos y legales asociados al documento que deben tenerse en cuenta para su consulta en el futuro. Esto afecta tanto a contenidos creados en un entorno virtual, como a proyectos de digitalización de fondo antiguo. Por otra parte, la IFLA, como entidad internacional de referencia en el campo de la cooperación bibliotecaria y la propia UNESCO ya llevan años trabajando en la línea de garantizar un acceso universal a la memoria de nuestro tiempo, y al patrimonio documental que hemos heredado. 

La Torre de Babel (Pieter Brueghel)
Si nuestra época pasará a la historia como una edad oscura, seguramente no será por la pérdida de nuestro rastro digital. Sin embargo, sí podríamos convertirnos en ciudadanos de una nueva Torre de Babel donde la adoración el avance tecnológico, entendido como fin y no como medio, nos lleve a olvidar la enseñanza del pasado y a caminar hacia el futuro ciegos de experiencia.

Pasado el umbral del primer milenio de nuestra era, la humanidad logró escapar de la oscuridad de siglos anteriores, recuperando para la posteridad narraciones orales contemporáneas y textos clásicos. Diez siglos después, disponemos de más medios que ninguna otra generación para conservar nuestra memoria y transmitir la herencia cultural de quienes nos precedieron. Nuestra huella será borrada por la marea del tiempo si, escuchando cantos de sirena, no mantenemos a buen recaudo nuestro patrimonio cultural, asegurando en el futuro un acceso libre y gratuito. Algo que debemos tanto a nuestros abuelos como a nuestros nietos.

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REFERENCIAS DE INTERÉS:


lunes, 12 de octubre de 2015

Mecenas de sueños: plataformas de crowdfunding

Calendario de Adviento
(Alén de Nigures)
Tres mujeres con trayectorias vitales y profesionales bien distintas un buen día deciden abordar juntas un proyecto. Nace Alén de Ningures (mas allá de ninguna parte) definido por sus creadoras como un “proyecto empresarial, personal, social, cultural y artístico con el fin de crear contenidos, espacios y actividades para compartir”. 

Su primer hito: crear un Calendario de Adviento en el que se recopilen cuentos y tradiciones navideñas europeas, cuidadosamente ilustrados y que den ocasión a un juego compartido entre padres e hijos a la espera de las fechas más mágicas del año. 

Con este proyecto me he acercado al mundo del crowdfunding (fenómeno de microfinanciación colectiva) en el que llevaba ya tiempo interesada por el empuje que está dando a muchos autores nóveles a la hora de financiar sus proyectos de autopublicación.

En 2011 este portal cultural, dirigido
por Javier Celaya dedicaba un
interesante artículo a este fenómeno.
El concepto me parece interesante porque escapa de la figura del inversor tradicional y rescata el el papel del mecenas que apuesta de forma más o menos altruista por una idea, sin participación directa en la empresa. Al menos así es como se postulan las múltiples plataformas que han proliferado en nuestro país desde 2010. La iniciativa, como tantas otras en el mundo digital, tampoco es del todo nueva. En realidad, más que el mecenazgo en sentido estricto, se recupera el concepto de red de relaciones por las que un individuo inquieto podía contar con el apoyo económico de la familia y amigos íntimos para arrancar su proyecto. El altruismo que antaño se desarrollaba a través de donaciones o patronazgos se ha amplificado en el ecosistema digital con el impulso de las redes sociales, dando con la combinación perfecta. Los datos hablan por si solos: según la Asociación Española de Crowdfunding (SCF) solo en nuestro país la recaudación obtenida por estas plataformas en 2014 triplicó las cifras del año anterior, pasando de 19 millones de euros en 2013 a nada menos que 62 millones en 2014.

Diario "El Español", publicado únicamente 
en versión digital, se ha acogido a fórmulas
 de financiación basadas en Crowdfunding. 
El objetivo de estas plataformas es recaudar fondos mediante las aportaciones de personas y entidades que apuestan por la idea propuesta. Hay un crowdfunding eminentemente financiero, impulsor de proyectos empresariales como es el caso del diario El Español de Pedro J. Ramírez, con recaudaciones millonarias, mientras que se desarrolla en paralelo un crowdfunding no financiero, orientado por lo general al ámbito de la cultura e iniciativas de índole social.

El primero ha permitido salir a flote a no pocas PYMES y emprendedores que han conseguido materializar su idea con la eclosión de las célebres startups. Son plataformas de inversión que responden a distintos modelos de negocio: en unos casos se ofrece la participación en la propia empresa, en otros se aporta un capital riesgo basado en un riguroso análisis de la viabilidad del proyecto. El volumen de recaudación no es comparable a las cifras manejadas por sus homólogas anglosajonas, pero se están consolidando como una alternativa a tener en cuenta para el colectivo empresarial.

http://www.lanzanos.com/
Pero es el segundo modelo el que resulta más innovador desde la perspectiva del cambio cultural impuesto por la sociedad digital. Desde que en 2010, LÁNZANOS, que presume en su web de ser la primera plataforma de crowdfunding española, comenzara su actividad, han surgido múltiples iniciativas entre las que VERKAMI, patrocinador del proyecto con el que comenzaba este post, merece mención especial.

En este tipo de plataformas el concepto de “inversión” es sustituido por el de “recompensa” y en algunos casos constituye una peculiar fórmula de preventa que permite contar con una cartera de clientes desde el minuto cero del proyecto si este ha logrado recaudar la cantidad propuesta. Si el proyecto no consigue su objetivo no se realiza ningún cargo a las personas que apostaron por él ni al promotor de la idea. 



En Lánzanos el proyecto pasa un filtro previo por el que se incorpora a un espacio denominado “La Caja” donde los internautas tienen ocasión de conocerlo y votar la idea. Solo los más votados podrán optar a financiación. Verkami por el contrario solo requiere dar de alta el proyecto y establecer un objetivo económico a conseguir en un tiempo establecido. En ambos casos las plataformas cobran un porcentaje de comisión a los proyectos que logran financiación y los mecenas obtienen algún tipo de recompensa por su apoyo a la iniciativa. Lánzanos ha recaudado desde 2010 cinco millones de euros, mientras que Verkami se acerca a los quince millones, por lo que según el informe de Private Investments Network que he consultado para esta entrada, se postula como el referente en nuestro país para este tipo de plataformas. Al igual que Mi grano de arena ocupa un lugar destacado dentro de las iniciativas de acción social sin ánimo de lucro con una recaudación, según el informe anterior, de dos millones de euros desde 2009.

Pero ¿qué tipo de ideas tienen cabida en estos portales?. La respuesta es… casi todo. Iniciativas solidarias, dentro de las que ocupan un lugar destacado la organización de eventos deportivos con fines benéficos, proyectos escénicos, música, literatura, educación, incluso encontré la posibilidad de financiar por este medio un viaje de novios.

La SCF define el crowdfunding de forma muy elocuente:

"El crowdfunding es un elemento de concienciación social que permite hacer llegar a un mayor número de personas proyectos de ámbito cultural, social, empresarial y científico. Esto permite educar a las personas en la importancia y la gran labor de estos sectores, muchas veces desconocidos y olvidados".


http://www.verkami.com/
Revisando los datos que muestra en su web Verkami, patrocinador del proyecto con el que iniciaba este post, encontré un elenco de propuestas en las que tenía cierto protagonismo la música con un 31% de los proyectos apadrinados. La realización de películas y eventos varios relacionados con el mundo de la escena ocupa un lugar importante con 30 % de las iniciativas, mientras que el mundo del libro y el comic representa más del 20 % de los sueños expuestos en el panel de esta iniciativa auspiciada desde Mataró por un padre y sus dos hijos.

Más que un modelo de financiación, nos encontramos ante una manifestación de activismo social y cultural con la invitación al apoyo altruista mediante aportaciones cuya cuantía no tiene tanta relevancia como el apoyo que la idea sea capaz de reclutar. Es una oportunidad para cualquier emprendedor o soñador (que cada cual se ubique donde se reconozca). Es un llamamiento a cualquier ciudadano para aunar esfuerzos en pos de un proyecto que en la mayoría de las ocasiones más que una iniciativa empresarial, es un sueño.

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POR SI QUIERES AMPLIAR INFORMACIÓN:

Crowdfunding en el sector cultural

Información básica sobre el crowdfunding
- Las Mejores Plataformas de Crowdfunding en España
- Las seis mejores plataformas de crowdfunding
- El mercado español de la financiación alternativa se triplica en 2014