lunes, 24 de abril de 2017

La crisis del libro en el siglo XXI: ¿realidad o mito?

Año tras año, la celebración del Día Mundial del Libro da pie a una reflexión sobre el papel de este mágico artefacto dentro de la economía digital y su papel en esa sociedad del conocimiento de la que tanto se habla. El duelo entre cultura audiovisual y textual fuerza a reivindicar el papel del libro como producto de información cualificada frente a la mera agregación de datos servida al ciudadano vía Internet. Pero la trayectoria del libro, a medio camino entre objeto de entrenamiento y soporte de información, confluye en este momento con la de la próspera industria de contenidos, con tasas de consumo creciente en los hogares. 

Si a ello le unimos, según las encuestas, tasas de lectura mejorables, cierre de librerías y la hiperconectividad de los jóvenes españoles, podemos llegar a pensar que el futuro del libro, al menos del libro tradicional, no es muy halagüeño. Sin embargo los últimos datos publicados desmienten algunos de los tópicos más usuales en relación a la supuestamente escasa presencia del libro en nuestra vida cotidiana. 

Pongamos algunos ejemplos:

  • El español no lee. En realidad leemos más que nunca, de hecho los dispositivos digitales y las redes sociales favorecen que leamos constantemente. Y también leemos libros, de hecho lo hace el 92% de la población española, aunque no sean lectores frecuentes. Incluso en este caso el porcentaje ha aumentado  nada menos que 11,2 puntos en los últimos quince años y además con un nivel de actividad mayor que en el pasado, a juzgar por el número de títulos. Eso sí, el impacto del lenguaje tuitero se hecho sentir en el mundo editorial con la popularización del texto breve, ya sea en formato de poema o microrrelato (menos de 10.000 palabras) y el auge de los concursos literarios especializados en esta modalidad.

  • El libro en papel está abocado a desaparecer. Crecen las ventas y la lectura de ebooks, pero su facturación en las cuentas de los editores aún es residual y se reduce en casi un punto su presencia dentro de la oferta bibliográfica global. Por el contrario, la producción de libros en papel ha aumentado casi un 4% en los últimos años, y el público lector declara mayoritariamente su preferencia por este formato. Al tiempo, merman los adeptos a la edición digital, hoy por hoy solo un 30%, por lo que parece que la lectura de libros es el único hábito que se resiste a la progresiva digitalización en el día a día de los ciudadanos, salvo en la lectura de prensa. En el mundo del libro la evolución ha variado según el subgénero. El cómic ha experimentado un auge inusitado al albur de su lenguaje híbrido con la combinación de texto e imagen, tan atractivo para su difusión vía Internet. Otros, como la antigua literatura de quiosco (novela romántica y de ciencia ficción, principalmente) han sido los primeros en poblar el catálogo digital de las editoriales. Sin embargo la oferta de ebooks aún es escasa no llegando, en la mayoría de los casos, ni siquiera a la mitad del fondo bibliográfico de los sellos más populares. Avanza, es cierto, pero lo hace a un ritmo más lento del esperado y por el momento no destrona el reinado del libro impreso.



Por otra parte, el paulatino incremento de la lectura digital no es un fenómeno exclusivamente juvenil, sino que se produce en todos los rangos de edad. Las bondades del eReader son elogiadas cada vez más por usuarios mayores de 55 o 65 años, una vez dinamitada esa brecha digital de la que tanto se ha hablado, con la incorporación de este colectivo al ámbito de la comunicación digital y las redes sociales.

Ahora bien, al margen de los cambios el libro como producto, la transformación de los hábitos de lectura y la simbiosis entre redes sociales y los tradicionales círculos de lectores, esto no implica que el sector editorial se encuentre exento de amenazas, ni mucho menos que se mantenga al margen de nuevos modelos de negocio auspiciados por la economía digital:

  • La convivencia entre canales de venta virtuales y presenciales se ha hecho sentir antes y con mayor impacto, principalmente en los distribuidores minoristas, afectando en primer término a la librería tradicional, pero también a otros establecimientos como los quioscos , cuyas ventas se han reducido en más de un 50 % en los últimos cinco años. Sin embargo han surgido propuestas verdaderamente innovadoras que apuntan a nuevo concepto de librería como punto de encuentro y principal prescriptor del usuario, incluso como punto de recogida de pedidos online, algo especialmente valorado por lectores reacios a la compra digital.

  • Cambios en la cadena de valor tradicional del libro. El desembarco de nuevos actores (Amazon, Google, TELCOs…) y la necesidad de reducir costes, abaratando el precio de las obras obliga a editores, distribuidores y agentes literarios a reformular su papel para sobrevivir ante movimientos caníbales que buscar eliminar intermediarios. Entre unos y otros se desdibujan las fronteras de manera que las editoriales habilitan sus propios canales de distribución, los distribuidores firman potentes alianzas, los agentes literarios toman la iniciativa, rescatando viejos éxitos editoriales (recordemos a la siempre pionera Carmen Barcells) e incluso negocios inicialmente basados en el mundo de la impresión progresan hacia fórmulas como la de los servicios de autopublicación.


http://www.unesco.org/new/es/unesco/events/prizes-and-celebrations/celebrations/international-days/world-book-and-copyright-day-2017/
UNESCO. Propuesta de actuación 2017

Pero en la propia amenaza reside, tal vez, la oportunidad. La experiencia de una de las industrias editoriales más antiguas (e importantes) del mundo tiene mucho que aportar a ese joven sector de contenidos que ha irrumpido con fuerza en el panorama cultural. De hecho, aún hoy, el sector editorial lleva la voz cantante dentro del PIB cultural, a poca distancia (pero con ventaja) del mundo audiovisual y multimedia. Ahora bien, superada la resaca de la crisis es preciso afrontar el reto de integrar el libro digital dentro de un modelo económico sostenible.



Pero no se trata solo de otorgar mayoría de edad al libro digital y normalizar su producción y venta dentro del negocio editorial. Lo que verdaderamente urge es ajustar oferta y demanda, superando el recurso a reducir tiradas de ejemplares y acortar la vida comercial de la obra en el mercado, para evitar que, como ahora, muchos textos dejen de estar disponibles al poco de salir a la venta. La dualidad de edición digital y en papel o fórmulas de impresión bajo demanda podrían solventar este problema. Servicios de suscripción o consumo en streaming de libros contribuirán en el futuro a acortar distancias entre autor y lector. En un escenario así, el soporte sería tan anecdótico como debe ser el canal de venta en el acceso a cualquier producto o servicio.


Lo que verdaderamente importa es garantizar la disponibilidad de la obra y hacerlo para todos, sea cual fuere el soporte (impreso o digital) y el canal de distribución (online o tienda física). Abaratar precios dentro de un catálogo dual (ebook vs. papel)  y cuidar la edición orientada a colectivos específicos, como puedan ser usuarios con dificultades de lectura o cualquier discapacidad, es remar a favor de ese papel integrador que la Unesco reivindica este año en su tradicional discurso con motivo del Día Mundial del Libro. Porque todos tenemos derecho a disfrutar de lo que alguien, en algún lugar del planeta, en algún momento de la historia, escribió para nosotros. ¿No crees?.

--------------------------------------

Más información:


domingo, 5 de marzo de 2017

Mi árbol genealógico: ¿por dónde empiezo?


En alguna ocasión en este blog se ha hecho referencia al interés que despierta en el descreído ciudadano del siglo XXI la investigación sobre sus ancestros, algo aparentemente incomprensible teniendo en cuenta que vivimos en una sociedad que tiende a menospreciar todo lo que no tenga una utilidad práctica inmediata. MyHeritage, la plataforma genealógica más conocida en el mundo, cuenta en la actualidad con la friolera de veintisiete millones de árboles familiares, al tiempo que Genoom, empresa española fundada en verano de 2007, en menos de dos años llego a tener nada menos que medio millón de usuarios registrados. Solo son ejemplos del éxito de una afición, clásica donde la haya, combinada con las posibilidades que abren las nuevas tecnologías, tanto en su dimensión  práctica (construir el propio árbol y abordar una investigación genealógica), como social (habilitar entornos de colaboración y relación familiar).

Es posible que tú también sientas curiosidad por este mundo y en algún momento te hayas planteado realizar tu propio árbol genealógico. Si es así, tal vez al principio te encuentres algo perdido y concedas excesiva importancia a los aspectos técnicos de la empresa o pienses que dispones de tan poca información que el proyecto es inviable. Seguramente no es así y para ello te propongo ponerte manos a la obra siguiendo cuatro sencillos pasos que te permitirán arrancar tu proyecto: 


1) RECOPILA LA INFORMACIÓN DE QUE DISPONES

Colección "Ephemera. BNE.
Tu objetivo es identificar en cada familiar, no solo nombre y apellidos, sino al menos fechas y lugar de nacimiento y muerte, así como de su boda, comenzando lógicamente por tus familiares más próximos (padres y abuelos). Para ello te será muy útil revisar la documentación que conserves, especialmente libros de familia, D.N.I., esquelas, invitaciones de boda, así como testamentos, carnés profesionales, correspondencia personal o cualquier  escritura, factura o documento que te aporte pistas sobre su ocupación, residencia y relaciones personales. El Archivo Municipal del Ayuntamiento de Oviedo ofrece unas FAQs muy útiles bajo el epígrafe ¿Cómo hacer una genealogía? que te recomiendo visitar.

Cuando termines de recopilar y revisar la información, tendrás una idea clara de los datos de que dispones y, sobre todo, de "lagunas" en tu punto de partida.


2) INVESTIGA PARA COMPLETAR LOS DATOS QUE TE FALTAN

Este blog hace tiempo intentó ofrecer algunas pistas sobre archivos y fuentes de información no especializados a los que puedes acudir. Lo cierto es que, además de completar los datos esenciales de tu genealogía sobre fechas y lugar de nacimiento y muerte de tus ancestros, a través de archivos civiles y parroquiales, hay la posibilidad de que encuentres referencia a tus mayores en la prensa histórica que, sobre todo en el ámbito local, era mucho más prolija que en la actualidad a la hora de informar sobre la llegada de un nuevo maestro o el alojamiento temporal de un viajero. Si tu antepasado era, por ejemplo, militar existían además boletines que reflejaban la escala de ascensos y nombramientos que sin duda te resultarán muy útiles. Como introducción imprescindible, no dejes de leer el artículo de Mayte Rius En busca de los antepasados.


Al finalizar esta primera aproximación a las fuentes disponibles es probable que ya dispongas de los datos necesarios para abordar la primera versión de tu árbol genealógico.


3) ORGANIZA LOS DOCUMENTOS Y CONSTRUYE LA PRIMERA VERSIÓN DE TU ÁRBOL GENEALÓGICO

A estas alturas has recabado un volumen más o menos ingente de información. Si no lo has hecho ya, ha llegado el momento de sistematizar y organizar todos tus datos, de manera que te sea más sencillo localizarlos cuando abordes la tarea de registrar a tus familiares en el árbol genealógico. 

Hablaremos más de ello en otra ocasión, pero si te preocupa este punto no dejes de leer el artículo de Genealogía Hispana ¿Somos buenos archiveros?: asegurar y organizar nuestros fondos.

Y llegamos al primer hito de nuestra investigación: plasmar los resultados en un árbol genealógico. ¿Qué herramienta utilizar?.


4) COMPARTE TUS HALLAZGOS CON OTROS FAMILIARES

Hay distintas comparativas de herramientas que te ayudarán a tomar la decisión más acertada, teniendo en cuenta varias cuestiones. Las primeras son técnicas y se refieren al formato en el que se almacenan los datos, lo que te permitirá cambiar de herramienta, si en el futuro descubres limitaciones para la evolución de tu proyecto. Las segundas, no menos importantes, tienen que ver con la “usabilidad” de la aplicación, es decir: su facilidad de manejo. 

Pero sobre todo hay una pregunta esencial que debes hacerte: ¿cuál es tu objetivo al emprender esta aventura?. Pensar seriamente sobre este punto evitará que te compliques en exceso la existencia con una herramienta muy potente pero cuya funcionalidad apenas vas a utilizar o, por el contrario, que escojas una opción que te haga difícil avanzar. Además es posible que hayas contactado con otros familiares que compartan tu afición y conviene que dispongáis de un entorno donde podáis compartir los resultados de vuestras pesquisas. En primera instancia yo opté por Family Tree Builder (MyHeritage) por tratarse de una herramienta muy completa y versátil, que permite incorporar no solamente fotografías sino documentos, al tiempo que facilita componer un sinfín de árboles genealógicos y libros de historia familiar. Sin embargo no resultaba tan intuitiva como Genoom, en donde un familiar comenzó a crear el árbol genealógico, resultando ser todo un acierto, entre otras cuestiones porque es sencillo invitar a otras personas, sin que necesiten realizar ninguna instalación en sus PCs. En cualquier caso, ten en cuenta que ambas disponen de una versión gratuita más que aceptable para comenzar a elaborar tu árbol genealógico.

Símbolo de toda una época para muchas familias.
¿Conservó tu madre o tu abuela esta cartilla?.
Tu iniciativa, además, te brinda la oportunidad de estrechar lazos con familiares cuya pista tal vez se había perdido en las últimas generaciones. No descartes para ello hacer uso de herramientas como puedan ser los grupos en Facebook o un simple espacio en Google Drive para compartir de forma sencilla documentación y fotografías que puedan aportar miembros de cada rama. Te garantizo que es una experiencia muy gratificante, aunque debes comprender que no todos los familiares vayan a compartir tu entusiasmo… de esto también hablaremos en otra ocasión.

Si decides embarcarte en este tipo de aventuras y dudabas por dónde iniciar la empresa, confío en que este post te haya dado alguna pista. Por si te resulta más cómodo, en esta infografía encontrarás un resumen de lo que hemos hablado. 

Comenzar no tiene mayor ciencia que tu decisión, combinada con una buena dosis de paciencia y ganas de aprender. Información no te va a faltar, como puedes comprobar dando un paseo por alguno de las webs especializadas en genealogía disponibles en Internet.


¡¡Mucha suerte!!.