sábado, 12 de diciembre de 2015

Comicios 2.0 o el retorno de “Operación Triunfo”

Información electoral
Estos días ando enfrascada en lecturas sobre periodistas y políticos en la II República.  Le sigo la pista a una prensa combativa que se hacía eco de trifulcas ideológicas que se fueron encanallando hasta enterrar el proyecto de una república para todos los españoles. Pugnas que repaso condicionada por una campaña electoral que día a día gana terreno en los medios informativos y las redes sociales. Contemplo el desfile de divas por la alfombra roja de los platós y primeros planos que hacen las delicias de seguidores y detractores en las redes sociales. 

7d, El Debate Decisivo
(Antena 3)
El objetivo para unos es ganar la batalla en los índices de audiencia y para otros reclutar votos de indecisos o rebañar los del vecino. Los debates más celebrados no tienen lugar necesariamente en la televisión pública, perdiendo con ello el lustre que tenían años atrás como evento informativo. Quedan a un lado partidos con representación parlamentaria, pero sin tirón mediático. Salen a escena nuevas formaciones que prometen sacar a los votantes del tedioso bipartidismo por el que ha transitado nuestra democracia, ya cuarentona. Aunque Europa no está precisamente “living a celebration”, nos asalta en el salón de casa una nueva Gala de Operación Triunfo en el que unos y otros medirán sus voces para que los telespectadores puedan decidir quién nos representará en los próximos años. 

Eso sí, el evento transcurre en paz y armonía, con ausentes y excluidos, pero sin grandes disonancias. Un tono muy distinto de las disputas casi personales (y a veces sin “casi”) que poblaban los periódicos de aquel otro experimento democrático que vivieron nuestros abuelos. Desde 1978 un pacto entre caballeros ha permitido consolidar un pacífico bipartidismo amenizado por pactos y apoyos de otros invitados a la fiesta democrática que, según las circunstancias, podían cambiar de bando pero… sin acritud. 

El estreno vino de la mano de UCD, a modo de bisagra entre dictadura y democracia,  escogiendo un lema que conjurara fantasmas del pasado: unión sin estridencias, de centro sin extremismos y democrática, aunque los actores principales procedieran de la obra anterior.

Aquel 23 de Febrero, pistola en mano, terminó por ofrecer una improvisada puesta de largo a la joven democracia, brindando la espada de Excalibur a un monarca que se convertía, ya sí, en incuestionablemente democrático y constitucional desde aquel momento.
Nuestro país comenzó a participar en fiestas de la alta sociedad, obteniendo el carné de baile para la Comunidad Europea y la OTAN, integrándose con ello en la estructura económica y militar del mundo civilizado. De puertas para dentro el mayor problema lo planteaban formaciones terroristas que con el tiempo terminaron por disolverse en formaciones políticas que desde entonces han venido caminando por la cuerda floja de la legalidad.

Quedan atrás aquellos años ochenta de “movida” y digresiones, punkies y cardados de una España que había perdido el miedo, infundido por "cuarenta años de paz", a un gobierno socialista. La victoria electoral del PSOE trajo nuevos rostros a la pantalla del televisor, tendiendo algún que otro puente con el pasado de la mano de homenajes al hilo del descanso eterno que por fin recibían en el cementerio civil de la Almudena los históricos del partido. Arrancaba toda una era refrendada por sucesivos comicios con un fervor sin parangón desde entonces. Pero como este es el país del Lazarillo de Tormes no podían faltar incidentes al más puro estilo de la picaresca cañí, con algún hermanísimo en titulares y, claro está, picos de bonanza y crisis que dejaban a muchas familias sin humor para discusiones de corrala en la que unos y otros se echaban a la cara los trapos sucios. 

Recordatorio para los más jóvenes
Un nuevo plantel llegó a escena de la mano de un Partido Popular que había logrado sacudirse los recelos de los viejos del lugar, aunque en este país nunca queda del todo claro si las urnas dan victorias o retiran apoyos. En estas cosas las matemáticas no son una ciencia exacta.

Tras catorce años de gobiernos del PSOE, se inauguraron los ciclos 2x2 en la alternancia con el PP que otorgaban siempre una segunda oportunidad a cada contrincante. El hieratismo de Aznar dio paso al “talante” de Zapatero, y nuestra participación activa en conflictos internacionales al “diálogo de civilizaciones”, tan celebrado y denostado al tiempo por unos y otros. Nuevas escandaleras salpicaron aquellos años, al tiempo que sucesivas reformas del empleo fueron ahondando en las fórmulas de despido, sin cuajar en auténticas políticas de empleo activo. El estallido de la “burbuja inmobiliaria” terminó por dejar a la intemperie a miles de familias sin que sepamos si verdaderamente vivían por encima de sus posibilidades o si el entorno que hizo posible ese cataclismo se encontraba muy por debajo de sus expectativas.

El Confidencial. Encuesta DYM (diciembre 2015)
Lo cierto es que mirándonos al espejo hay que reconocer que el tiempo ha dejado sus surcos y queda la duda de si nos estamos transformando en una belleza iluminada por la experiencia o ajada por los años. Saber envejecer es importante. Privatizaciones y nacionalizaciones no han venido en este tiempo de la mano de quien uno podría esperar y, carentes de referente ideológico claro, parece que tanto poder como oposición buscan un discurso capaz de volver a ilusionar a un electorado vapuleado por la crisis económica y los recortes auspiciados por fríos países centroeuropeos. 

Hoy nos encontramos en plena campaña electoral y el escenario plantea algún cambio respecto a comicios anteriores. Partidos alevines proponen un viraje a babor y estribor que irrumpe en la cómoda alternancia de décadas anteriores y amenazan con ganar posiciones a los partidos tradicionales en su llegada a la meta. El electorado se encuentra receptivo a nuevos mesías con capacidad para ilusionarle en un proyecto de futuro. 

Movimiento 15 M
Los movimientos del 15 M han abierto la puerta a una protesta social que no han sabido recoger las formaciones tradicionales de la izquierda y que ha terminado con el desplome del comunismo con "P" (de PCE) y la pérdida de posiciones de un socialismo que insiste en confirmarse como única alternativa viable.  Sectores sociales favorables al cambio se sienten atraídos por un edificante “Podemos” (por favor, no confundir con "We can") que capitanea sensibilidades diversas y visiones "heterogéneas" de lo que es la "cosa pública".

Por su parte, los más conservadores se debaten entre quienes reivindican seriedad y quienes recuperan el concepto de “ciudadano” en su vuelta a una tradición liberal de color naranja, buscando apoyos entre electores desencantados con el hasta ahora partido de referencia en la derecha, o centro-derecha, donde parecen sentirse más cómodos. En cualquier caso queda la puerta abierta a pactos impensables años atrás y un sinfín de especulaciones sobre si obtener la mayoría en los comicios equivaldría, o no, a repetir mandato en el gobierno, merced a una ley electoral que nadie parece cuestionar con seriedad.

Ya en capilla, el debate no se plasma en los medios de comunicación convencionales sino que la batalla se lidia en las redes sociales. Los periodistas, tan combativos en el pasado, no pueden sino conducir esta nueva Operación Triunfo, con estrellas invitadas y robados de pasillo incluidos. En un país donde las estadísticas muestran datos demoledores respecto al porcentaje de ciudadanos con dificultades para llegar a fin de mes, se analizan gestos y poses de la clase política para atisbar su solvencia de cara a los comicios.

El País (11/12/2015)
El independentismo catalán, la amenaza del integrismo islámico y la evolución de nuestra deuda según lo pactado, son temas que se han retirado a un segundo plano, cual teloneros de vedette, ante una campaña electoral que copa los titulares de actualidad. Por cambiar nuestro mundo conocido hasta se plantea una piel de toro mordida por Cataluña y la posibilidad de que la institución monárquica necesite ciertos retoques. 

Lejos del atril de aquellos viejos oradores de antaño, estrellas de la pantalla pugnan por nuestro voto exponiendo sus propuestas sin ahondar mucho más de lo que permite la extensión de un tuit. Está por ver si son barridos de la escena por nuevos actores quienes en los últimos comicios obtuvieron representación parlamentaria, pero no figuran ahora en el elenco de artistas invitados a los pases de la gala electoral.

F Giner de los Ríos (1881)
Se habla de “nueva política” y “vieja política” y retumba el eco de Ortega y, antes aún, Giner de los Ríos que en 1874 ya hablaba de la "política antigua y la política nueva". Ironías del destino: la tesitura vuelve a titulares, coincidiendo con el centenario de su muerte, pero desprovista del sentido profundo de un pensamiento, cuyo eco fue silenciado tras la Guerra Civil. 

Inquietudes de hoy muy similares a las de ayer, como esos enconados combates entre "tirios y troyanos" que salpicaron la prensa de la II República:

Antonio de los Ríos. "Tirios y Troyanos".
Semanario Agora (1/06/1935)

El texto corresponde a un artículo de 1935, publicado por un periodista activamente implicado en la vida política de su localidad, de cuyos avatares hablaremos en otro momento. Su inquietud no parece baladí, puestos los ojos en nuestras propias cuitas políticas. Por mi parte, otorgo un sonoro “me gusta” a las palabras que hace más de ochenta años escribió el autor de “Tirios y Troyanos” sobre la gente con ideas e ideología:

Ibídem
Tal día como hoy su autor, Antonio de los Ríos, un abuelo que falleció varias décadas antes de que yo naciera, habría cumplido nada menos que 117 años. Afortunadamente, desde entonces muchas cosas han cambiado… aunque a veces uno piensa que no tantas como podría parecer. A la espera de que el 20 de diciembre despeje incógnitas, yo confieso que para espectáculos prefiero la cartelera del teatro, a ser posible disfrutando de un IVA reducido. Tema por otra parte ausente, como todo lo relativo a la cultura, en la actual campaña. Será sin duda porque no tiene tirón de audiencia. 


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