viernes, 25 de septiembre de 2015

La Brújula de Caronte

La barca de Caronte,  José Benlliure
Aún a la zaga, aunque acortando distancias con nuestros vecinos europeos, parece que los españoles nos estamos subiendo al carro de esa “revolución digital” de la que tanto se habla. Nuevos hábitos que están calando en el hogar y en nuestras relaciones. El fenómeno ya no es exclusivo de los más jóvenes. Los últimos estudios sobre el avance de la “sociedad de la información” muestran por primera vez como consumidores asiduos de tecnología a la mitad de los ciudadanos con edades comprendidas entre los 55 y los 64 años, con al menos una conexión diaria a Internet.

Tal es la invasión de “arrobas”, “tic” y otras “i-zarandajas” que se ha llegado a acuñar el término de “analfabeto digital” en relación a usuarios poco o nada familiarizados con ningún artilugio tecnológico. Riadas de tinta (bits, en este caso) alertan de la brecha abierta entre ciudadanos “analógicos” y “digitales” sobre un elenco de oportunidades en lo personal y profesional vedadas para los primeros.

La resistencia al cambio es humana y como tal no es nueva en la historia. Recordemos a los ludistas que a comienzos del siglo XIX ya pusieron el grito en el cielo cuando la tecnología irrumpió en el orden económico y social de la época, de la mano de la revolución industrial. Seguramente el descubrimiento del fuego ocasionó un importante revuelo, aunque no ha quedado constancia de las trifulcas que pudiera ocasionar.  

"La belleza de las humanidades"
Cartas al Director, 18-09-2015
Es obvio que una economía cada vez más compleja requiere profesionales extremadamente cualificados pero también lo es que el abanico de disciplinas crece al ritmo de nuevas oportunidades y nuevas necesidades. Nacen algunas profesiones, se transforman profundamente otras, desaparecen algunas. Más allá del aspecto cuantitativo -más datos, más información- el problema es cualitativo: el conocimiento es holístico y por lo tanto, más rico cuanto más interdisciplinar sea. A más habilidades y destrezas adquiridas en la infancia y la juventud, mayor flexibilidad tiene un individuo para incorporarse al mercado de trabajo y desarrollarse socialmente.

Por otra parte, creatividad y compromiso, son dos de las cualidades más demandadas por las empresas en el reclutamiento de nuevos talentos. La creatividad (esencial, por ejemplo, en la resolución de problemas) se estimula con el bagaje de conocimientos y vivencias, mientras que el compromiso es básicamente emocional y ancla sus raíces en el esquema de valores del individuo. Bagaje de conocimientos y valores éticos que se adquieren en nuestros primeros años dentro de una transversalidad imprescindible en estas etapas formativas, al margen del ámbito profesional al que el niño dedique en el futuro el sudor de su frente.

Horizonte prometedor o desolador.
El tiempo dirá. 
Los cambios en los planes de estudio de las últimas décadas quieren salir al paso de índices demoledores de fracaso escolar, la distancia entre el mundo académico y empresarial y la desazón de los propios estudiantes que confían escasamente en el sistema universitario para incorporarse al mercado laboral. Paulatinamente está siendo expulsada la cultura del aula, dando a entender que el problema está en el esfuerzo dedicado a estas disciplinas y no en metodologías no siempre acertadas y el propio contenido de los programas. Se demoniza la clase magistral basada en textos, apostando por estrategias de juego en el aula, interacción con el alumno y acceso al conocimiento a golpe de clic, sin poner foco en la adecuación de los programas y el dimensionamiento del profesorado y los recursos disponibles.

La innovación es necesaria y obviamente imprescindible la adquisición en la infancia de las destrezas y conocimientos requeridos por la sociedad digital. Ahora bien, la retirada tras bambalinas de materias como filosofía, literatura, música o historia es negar a generaciones de individuos el conocimiento de su pasado, de su cultura, de su lengua, es privarles de herramientas esenciales en la formación de un pensamiento crítico. Es ocultarles que la filosofía y la ciencia nacieron de la mano en los albores de nuestra civilización, dando la palabra voz al pensamiento en un camino sin retorno que separaba al hombre del resto del reino animal.  Es negarles el derecho a sentirse orgullosos de lo que hicieron las generaciones que les precedieron y a aprender de sus errores. 

Una de las primeras reflexiones
sobre sociedad y tecnología.
Vista previa
Tecnología humanizada” y “humanidades digitales” son dos caras de una misma moneda, un viaje que parte de distintos puertos para llegar a un punto de encuentro necesario para no caer a la sombra de una nueva Torre de Babel donde el hombre sea capaz de emular la inteligencia humana, pero no de conducir con inteligencia su propia evolución. 

En la formación de los ciudadanos la tecnología abre nuevas perspectivas, no solo por la democratización del acceso a la información, sino por la posibilidad de utilizar metodologías de enseñanza más estimulantes para el alumno que faciliten la interacción con el dato para generar conocimiento. Al tiempo, las habilidades tecnológicas son materia ineludible en su formación, incluso para aquellos se dediquen a disciplinas eminentemente humanísticas. Ejemplos como el tan elogiado sistema educativo finlandés hacen patente la rentabilidad de poner foco en lo que realmente importa.

El Paso de la Laguna Estigia
J.Patinir, 1520-1524
Museo del Prado
En el camino entre el todo y la nada en el que nos colocan quienes, desde una u otra orilla, insisten en una dicotomía artificial entre hombre y máquina, Caronte tendría grandes problemas en reconocer las coordenadas del inframundo. Los periodos de cambio siempre son de intenso oleaje. La Laguna Estigia muestra su horizonte desdibujado entre el hombre que olvida el pensamiento como el arma que le separa del resto de la creación y el que se niega a embarcar en nuevas formas de entender la realidad.

Si esto sigue así, el problema no va a ser que nadie sepa quién era Caronte o qué era la Laguna Estigia… sino que ni siquiera vamos a tener quien alimente esta entrada en la Wikipedia. Como decía Claude Bernard “Quien no sabe lo que busca no entiende lo que encuentra”. 


3 comentarios:

  1. ¿Caronte? Es un personaje evocador. ¿Hacia dónde nos querrá dirigir en esta ocasión?

    ResponderEliminar
  2. Qué gusto poder compartir tan sabias reflexiones en un momento en que un idiotizado entendimiento nos lleva a la deriva. ¿Lograremos darnos cuenta del valor que reporta la conjunción entre los dos mundos (Tecnológico y Humanidades)?
    Si es así, Caronte nos llevara a la orilla de la propia evolución,
    !Espléndido artículo!.

    ResponderEliminar
  3. Me ha encantado, ¡felicidades! Lástima de dicotomia entre analógico y digital, el sabio oculto sabria convivir y disfrutar de ambos mundos sin perder humanidad por ello. Ah, si Caronte encuentra su propia wi-fi quizá no se pierda del todo, ja,ja... ¿se le pagará con Gigas en lugar de monedas? quién sabe, cosas más raras he visto... Enhorabuena compi.

    ResponderEliminar

Gracias por tu opinión. En breve será publicada.